Ygnalos

Dios del Fuego,
símbolo de Renacimiento

 

Cuenta la historia que Argenissa –Diosa de la Luna Negra– se enamoró de Soleenes –Dios del Sol– con solo verle, y utilizando la más oscura magia negra le hechizó para que también él se enamorase de ella. Tuvo éxito, y Soleenes sucumbió a su conjuro de amor. No fue hasta muchas eras después, cuando Argenissa ya había dado a luz –si es que eso es posible tratándose de una diosa de la perpetua oscuridad– a dos hijos, cuando Aknaliss –Diosa de la Luna Blanca– consiguió dar con el motivo del extraño comportamiento de su hermano, tan encubierta estaba la oscura brujería de la que era preso. Utilizó entonces un contra-conjuro de la más poderosa magia blanca para romper el hechizo que pesaba sobre su hermano y abrirle los ojos a la verdad. Funcionó, y Soleenes, atónito frente al hecho de haber pasado tanto tiempo envuelto en la negrura y hasta haberle dado hijos, sintió una incontrolable y malsana ira que a punto estuvo de corroerle el alma haciéndole estallar. En lugar de eso, consiguió proyectar fuera de sí su brillante intensidad, que tomó la forma de su hijo Ygnalos, Dios del Fuego. Nacido de la ira, Soleenes pensó que él se encargaría de vengarle de Argenissa pero poco después, debido a su benévola naturaleza, abandonó su plan y le encargó fines mucho más nobles.

Creen los seguidores de la Llama Eterna que no fue otro que Ygnalos quien ayudó a los habitantes de Hermile a vencer a la oscuridad. Y a Él y a su Llama son a quienes rinden su dicha, año tras año. Muchos grandes sabios han asegurado que así es, que Ygnalos estuvo tras esos grandes acontecimientos, que reveló su secreto a través de la lava a los afortunados que llegaron a las Cavernas Llameantes y les mostró el camino a seguir entre tanta oscuridad. Pero si así fue, su secreto murió con ellos.

Desde los Primeros Años, en los que se produjeron las grandes conversaciones con los dioses, se sospecha que algo le ocurrió a Ygnalos antes de la Niebla de la Pérdida. En las pocas páginas que se han conservado de los Tomos Antiguos de la Creación, donde se reprodujeron las conversaciones con Leinay en los años en que diera vida a las razas que pueblan las tierras, se menciona que Ygnalos se sacrificó por salvar al mundo y a los seres que lo habitaban. Desde entonces su poder y su presencia se desvanecieron como una llama a la que apaga el viento, y el fuego dejó de ser controlado por los Dioses para pasar a ser de dominio de los mortales.

Pero algo ocurrió durante la batalla de Hermile. La Llama Eterna surgida a manos de los hombres que habían escuchado el secreto del fuego en el corazón de la montaña significó el renacimiento de una fuerza perdida y olvidada. Los más creyentes dijeron que ese fuego tenía que ser divino y, convencidos, afirmaron que era el primer paso del renacimiento de Ygnalos. Fundaron una secta en torno a la imperecedera llama, y se hicieron llamar los seguidores de la Llama Eterna, tomando al pájaro de fuego como su símbolo, fusión de fuego y renacimiento.

Con razón o sin ella, lo cierto que es que, poco a poco, esos sacerdotes adquirieron tanto poder como si tuvieran al mismo Ygnalos respaldándolos. Eran capaces de invocar al fuego y pedirle su favor, podían hacer arder el horizonte y expulsar a la muerte con el calor de su ímpetu y se dice incluso que, los más poderosos, llegaron hasta aparecer montados sobre pájaros ardientes.

Pero hay otros sabios que hablan de otras posibilidades, interpretaciones de las páginas de los Tomos Antiguos de la Creación que llevarían a pensar que algunos de los dioses pertenecientes a la cúpula del panteón divino, para que el fuego no quedara desatado sin ningún control, crearon alguna clase de artefacto de inmenso poder, un orbe, según se dice, llamado el Orbe del Fuego. Según esta posibilidad este artefacto llenaría el vacío dejado por Ygnalos hasta que naciera un nuevo dios que ocupara esa función. El orbe posee el poder del fuego en su interior, de forma que lo mantiene sujeto como una presa mantiene las aguas de un río, para que no quede libre de forma salvaje causando incontrolables incendios o permitiendo que algún poderoso hechicero se adueñe de él. Así, los seguidores de la Llama Eterna obtendrían su poder del orbe, y no de ninguna divinidad.

Muchos interrogantes han surgido desde entonces. Pero cierto es que si la Llama Eterna brilla sin más necesidad que el aire que respira, de alguna parte procede su fuerza. Cierto es que si los sacerdotes de Ygnalos tienen poder, de algún lugar proviene...

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