Poesía
- Alas falsas
- Amor perdido
- Arrak
- Causas
- Cinco estrellas
- Cinco A. M.
- Duermen
- Ilusos
- La luna y las hadas
- La rosa y el niño
- Lasinia
- Lillium
- Mosca y araña
- Muñecos de madera
- No
- No somos uno, sino dos
- No te olvides de mí
- Olvidarte
- Palabras muertas
- Pobres almas
- Privilegio
- Ruiseñores
- Se apaga tu voz
- Secretos ocultos
- Sello de amistad
- Setmor
- Sueño y muero
- Tal belleza
- Trabildar
- Tres piedras
- Uraiel
Alas falsas - Fake wings
Cuentan que había una dama tan bella como la primera flor que se abre después del invierno, y que estaba enamorada de un bravo guerrero. Pero un malvado hechicero que la quería para él la secuestró encerrándola en su torre. Sólo la liberaría si el guerrero le traía la lágrima de un dragón negro y el pensamiento de una arpía carmesí. El caballero partió lejos, muy lejos, para encontrar lo que el mago le había pedido, y la dama cada mañana cantaba desde la ventana de la torre mientras esperaba el regreso de su amado:
Shine, bright morning light,
now in the air the spring is coming.
Sweet blowing wind
singing down the hills and valleys,
keep your eyes on me
now we're on the edge of hell.
Dear, my love, sweet morning light,
wait for me, you've gone much farther, too far...
Destello, brillante luz de la mañana,
ya llega
en el aire la primavera.
Dulce viento que soplas
cantando por praderas y valles,
mantén tus ojos en mí
ahora que estamos al borde del abismo.
Mi vida, mi amor, dulce luz de la mañana,
espérame, te has ido tan lejos, demasiado lejos...
Fuente: letra de la canción Fake wings
de la serie Hack//Sign
Traducción: Raúl Sánchez Martínez
Amor perdido
Se dice que un bardo que perdió su amor cantó este poema por todos los rincones de Valnessia cuando la melancolía que asediaba su corazón era tal que no podía soportarla. Ni el más frío y cruel podía contener las lágrimas al escucharlo de su boca. Dicen que lo cantó hasta que la pena marchitó su corazón, y que sufrió tanto que hasta la Diosa del Amor se apiadó de él ofreciéndole un lugar en sus campos divinos:
El amor juega como un niño al escondite,
para que nunca le encuentren cuando le quieran encontrar.
Se esconde entre las flores de un jardín marchito,
brotando de la fuente de las caricias formadas por gotas de
ingenuidad
cuando el aire se llena de la melodía compuesta por la flauta de
un errante
con notas de romance y sensaciones de colores cálidos,
y las palabras de su ligera poesía caen desde los sueños como
flechas de inocencia
que atraviesan los corazones con un suspiro.
El amor es tan difícil de encontrar, y tan volátil…
como el vuelo de una mariposa que viaja hacia la Luna
por un cielo cubierto de estrellas que lloran reflejos de plata,
coloreada de sentimientos y esperanzas,
del color de las sonrisas y los gestos de cariño.
Si el rocío cae con tímidas gotas de tristeza,
si la brisa sopla desde las montañas de la soledad trayendo
nubes de nostalgia,
se tapará el cielo deteniendo el vuelo de la mariposa,
quebrando sus frágiles alas del cristal del arcoiris de una
lluvia de verano,
rompiéndola en los pequeños fragmentos que componen el color del
desconsuelo.
El amor correspondido es un tesoro de joyas de fantasía y
perlas de ilusión,
del oro de los sueños y la plata de la Luna Llena y las
estrellas.
Es una nube de algodón de azúcar y atardeceres de caramelo,
tan dulce y tan liviano, tan suave y tan etéreo.
Para no perderlo hay que mimarlo con delicadas atenciones
como acunarlo entre sábanas de satén de medianoche y cojines de
plumas de desayunos en la cama,
y darle de comer fresas de ternura y pétalos de complicidad con
sabor a hierbabuena,
como embriagarlo con el ardiente vino de la pasión y refrescarlo
con el agua de la vida.
El amor que no es devuelto es una rama de espinas que se
clavan en la piel
dejando un veneno lento y fatal que va matando al corazón con
lágrimas de afilado cristal.
Es la hiel de la desesperanza y el cortante hielo del rechazo,
es la araña de la soledad que teje una maraña de hilos de
tristeza de la que no se puede escapar.
Persigue al enamorado como el fantasma enfermo del lamento y del
dolor,
siempre clavando agujas de angustia en el corazón de un muñeco
de vudú,
siempre quemando en la hoguera del olvido los recuerdos más
queridos del pasado
y siempre atormentando en el sueño con negras pesadillas de
desengaño y gritos de melancolía.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Arrak
En uno de los cementerios de la ciudad de Nahalas hay una cripta en cuya puerta hay grabada una inscripción. La gente que la ha visto la contempla con cierta curiosidad, pero la mayoría no aciertan a saber su significado:
Sólo con verlo llegar
suelen rompen a temblar.
Brilla en sus ojos la muerte,
el terror asoma entre sus dientes.
Se esconden los desesperados
al escuchar su clamor.
El de corazón valiente
lucha por salir indemne.
Cuando da comienzo el festín
su hambre no tiene fin.
Rompe el hueso, hiende la carne,
perdido estás si huele tu sangre.
Son sus brazos mil espadas
y de acero su coraza.
Incansables son sus pies
si con ello has de caer.
Nunca pierde en la batalla,
el odio recorre sus entrañas.
Luchando no vencerás
pues no se le puede matar.
Afortunado eres si al alba
su sed ha hallado la calma,
pues la luz de un nuevo día
a veces detiene su ira.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Causas
El caballero Martín tenía fama de ser hábil tanto en asuntos de alcoba como en los que a la corte se referían. Con gran atención le escuchaban todos en las fiestas, esperando con devoción el momento de sus ingenios amorosos:
Causa noble, libre y justa
ser segundo de una dama
habiendo sido el primero.
Años atrás.
O el noveno...
Autor: Ignacio Redy, Nacho de Día
Cinco estrellas
Canción que cantan los padres del populacho a sus niños cuando son muy pequeños:
Cinco estrellas con cinco puntas
se reunieron de forma inesperada.
Lloraron encendidas en la oscuridad,
lloraron por no poderse ocultar,
cada una con su brillo especial.
Cinco estrellas de puntas plateadas
caminaron por un sendero de nubes iluminadas.
Una se lanzó y se hizo estrella fugaz,
cayendo sobre un campo de espigas doradas.
Cuatro estrellas confundidas
fluyeron por un turbulento río.
Una de ellas se perdió en las aguas,
quedando entonces sólo un trío.
Tres estrellas ya nerviosas
escucharon en el aire una canción.
Una se quedó dormida
y ya sólo quedaron dos.
Dos estrellas asustadas
bailaron con tal de no apagarse.
Una de ellas se esfumó en el aire,
la otra corrió para no quemarse.
Una estrella solitaria
se encontró entonces en un dilema:
formar todo un pentagrama
con solamente una estrella.
¿Cómo era eso posible? ¿Cómo podía eso ser?
Si no encontraba la respuesta
brillaría tan sólo hasta el amanecer...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Cinco A. M.
Cuando el amor y la pasión brotan de la fuente de dos corazones que se encuentran furtivos en la noche, cuando dos cuerpos se funden en una sola alma, un instante se convierte en una preciosa eternidad tan absolutamente llena, que todo lo demás deja de existir:
Cinco de la madrugada, luces tenúes,
nadie sabrá nunca, la hora exacta,
tal vez ni tú, ni yo, ni la luna que observaba,
el olor a rosas junto a la almohada,
miradas cruzadas, hablan más que callan,
una intuición, un beso ardiente, llamarada,
mil pensamientos que se entrecruzaban,
sólo fue un segundo, preciso y certero,
todo estaba en calma, menos los deseos.
Nadie puede culpar quién fue el primero,
en quitarse ropa, quedarnos en cueros,
mirarnos despacio, tenernos enteros,
besar nuestras pieles, saciar los deseos.
Te abrazo, te beso, te acojo en mi cuerpo,
me tienes, te tengo, te beso, me tienes,
te descubro entera, me ves mis secretos.
Abatidos y desarmados, quisiéramos vernos,
llenos de placer y ternura, descansando,
sobre las horas que tus labios se posaron
en mi cuerpo, y tú cuerpo reclamaba una mirada,
pensando en el tiempo, que nuestros cuerpos
se reclamarán de nuevo, sin darnos cuenta
que ese tiempo no existe, porque mi cuerpo
te está reclamando de nuevo. Digo tu nombre.
Y digo paz,
y me sale amor,
y amo
aún sabiendo
que hay un mañana mejor.
Y tú lo sabes.
Liado entre tus sábanas
ignominia de los nombres
nación del mundo
amor sin nombre.
Cavilamos poco tiempo
el tiempo justo, para comprender
que queda mucho por dar,
y todo para recibir.
Cavilamos.
Encontró al hombre,
al otro lado del espejo
estaba el eje de sus caderas,
el epicentro del sudor
de una noche luminosa,
sus montes, sus pliegues
sus curvas, sus tentaciones
y en el centro
el amor de sus amores.
Y sus flores.
Cavilando…
Autor: Ignacio Redy, Nacho de Noche
Duermen
Un lugar desierto que un día fuera fértil. Una roca que se eleva desafiante. Y en su superficie, unas palabras casi borradas por la mano del tiempo:
Duermen los girasoles en su verde cama
ignorando que el sol no va a llegar.
El silencio asoma entre los muros,
testigo de que no existe piedad.
Piedra dormida sembrada de huesos,
calor que se va para no regresar.
Sueños quebrados sembrados de llanto,
caras que el olvido va a secuestrar.
Fluye, etérea, la noche negra,
las horas se pierden en la eternidad,
en el cielo no hay luna ni estrellas,
sólo susurros de anhelo y de paz.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Ilusos
Hay una vieja posada llamada "Vientos de ayer", que en una de sus paredes tiene un antiguo espejo. Nadie salvo el posadero sabe que en su reverso, tallados con elegancia, tiene estos pocos versos:
Corre con ojos cerrados,
huye de pasado y futuro,
vive en alas del tiempo,
libre, sin preocupaciones.
Presa de pasión voraz,
que hace temblar el cielo,
derramando las estrellas,
con pasos que van hacia atrás.
Recuerdos que no vuelven,
nacen agujas de hielo,
el vacío crece raudo,
implacable, solitario.
Se esconde la llave maestra,
cerraduras que se sellan,
palabras que se disuelven,
laberinto sin salida.
Fría trampa del destino,
atrapa con fácil promesa,
ilusiones para ilusos,
caduca felicidad.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
La luna y las hadas
Desde tiempo inmemorial los hechiceros enseñan estos versos a los niños que van a ser instruidos en el arte de la magia. Nadie sabe con certeza cual es el origen exacto de ellos, pero creen los magos que fue ni más ni menos Alquízero, el Gran Archimago, quien inició esta curiosa tradición, y que en estas palabras hay un mensaje secreto que sólo se revela a aquél que ha hecho suyo el misterio más profundo de la hechicería:
Y entonces llegó la noche,
tan suave y fresca como una lluvia de verano,
y con ella llegó el canto de Aknal,
blanco, puro, radiante,
como una voz de cristal que repiqueteaba
sobre la superficie de los lagos, entre estrellas.
La magia borboteaba en un círculo de setas
mientras las hadas danzaban a su alrededor
jugando desnudas con sus notas.
No se dieron cuenta de que la sombra se acercaba, arrastrándose
como una serpiente enferma...
Las sonrisas se marchitaron
como flores de pergamino bajo una lluvia de lágrimas.
Las caricias de la brisa se partieron
en finos añicos de cristal que arañaban su piel.
Y pidieron ayuda a la Blanca Señora, hambrientas de alegría,
y ella les respondió con un susurro.
En secreto les decía que tuvieran fe
en sus pequeños corazones, que delante tenían la respuesta.
Y confiaron.
Abandonaron sus alas al viento,
se dejaron llevar por el agua de las cascadas entre flores.
La luz invadió de nuevo sus ojos y la sombra,
que habitaba sus corazones como un gusano,
se vio obligada a salir.
Miles de primaveras se sucedieron en un instante
llenándolas de júbilo y de gozo.
Las flores explotaron a su alrededor
entre frutos de brillantes y suculentos colores.
Nunca más se la volvió a ver...
nunca más se la volvió a ver...
entre las hadas y la Luna Blanca...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
La rosa y el niño
Las niñas de un pequeño pueblo de Brangart cantan esta canción cuando salen a jugar. Se desconoce su origen, pero la sencillez de sus versos ha hecho que se transmita de generación en generación a través de la sabiduría popular que fluye de boca en boca:
Un niño encontró una rosa
entre amapolas escondida,
llena de peligrosas espinas
pero de belleza cándida.
De terciopelo su tacto,
dulce y embriagador su perfume,
rojo ardiente su color
y verde esperanza su tallo.
Ay, pequeña rosa,
el niño contigo sueña
y con la luna por cuna
de sus suspiros te adueñas.
Qué miedo da que te corten,
qué miedo si pierdes color,
pero sin lugar a dudas,
conmigo te quiero yo.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Lasinia
Poema inscrito en piedra a los pies del féretro de la bella dama que se halla en la cripta secreta que hay bajo la Posada Lunazur:
Lasinia.
Si tan sólo un minuto más pudiera estar contigo, con gusto
pagaría todas las riquezas del mundo.
Por favor, ven a mí, vuelve a mí, te necesito como un ave para
volar necesita el viento, como un bardo para cantar necesita su
voz. Mi voz...
Lasinia, nunca más soplará en mi corazón la cálida brisa del amor. A una existencia sin la luz de tus lunas estoy condenado entre nubes, eslabones de estrellas forman las cadenas de tristeza que atan mi cuerpo.
Lloran. Las estrellas lloran...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Lillium
Tras la batalla de Hermile en los Años Oscuros, sólo quedó una tierra devastada cubierta por un mar de cenizas. Lo único que quedó en Hermile fue la Llama Eterna, que desde la falda de la montaña de fuego iluminaba la penumbra con indiferencia. Los elfos lloraron cuando vieron la devastación. La melancolía se adentró en sus corazones mientras escuchaban la historia que contaban el mar y las estrellas, únicos testigos de la lucha. Y una elfa, mientras arrojaba un lirio al fuego, con lágrimas en los ojos cantó:
Os iusti meditabitur sapientiam
Et lingua eius loquetur iudicium
Beatus vir qui suffert tentationem
Quoniam cum probatus fuerit accipiet coronam vitae
Kyrie, fons bonitatis
Kyrie, Ignis Divine, Eleison
O quam sancta, quam serena, quam benigna
Quam amoena esse virgo creditur
O quam sancta, quam serena, quam benigna
Quam amoena O castitatis lilium
La boca del Justo medita sabiduría
y su lengua será la que emita la sentencia.
Bendito es el hombre que resiste la tentación,
por cada vez que fue probado, recibirá la corona de la vida.
Oh Dios, fuente de santidad.
Oh Dios, portador del Fuego Divino, ten clemencia.
¡Qué sagrada, qué serena, qué benévola,
qué encantadora, es la virgen que cree!
¡Qué sagrado, qué sereno, qué benévolo,
qué encantador, oh lirio de pureza!
Fuente: letra de la canción de apertura de la serie Elfen Lied
Mosca y araña
A veces, en la oscuridad de las minas de carbón de las Montañas Grises, se escucha un susurro que canta esta canción. La voz rezuma malicia y es áspera como la misma piedra, pero nadie a visto nunca a su dueño. Los mineros dicen que es el espíritu de una mujer que vivió hace tiempo por los bosques cercanos a la ciudad. Una mujer que se quedó viuda las trece veces que se casó, y que posiblemente hubiera enviudado más veces de no ser porque sus vecinos decidieron tomarse la justicia por su mano y la asesinaron violentamente en las cavernas de la montaña. Todos estaban convencidos de que era la mujer la que, cual viuda negra, mataba fríamente a sus maridos para quedarse con sus bienes:
Pobre mosca ingenua y tonta,
pobre, pobre, que la araña acecha.
Teje, teje, teje en su tela,
aguarda silenciosa, calma espera.
Gira la mosca, que en el aire vuela,
y de un mal giro acaba en la tela.
La araña corre con sus ocho patas,
bien satisfecha, le aguarda la cena.
Pero al llegar a la mosca, algo pasa,
¡sale volando como si nada!
Ríe la mosca, se enfada la araña,
su ilusión partida con una guadaña.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Muñecos de madera y marionetas oxidadas
En el teatro de Brangartia, capital del Reino de los Hombres, se reprodujo una obra cuyo éxito llegó a todos los confines del reino. En una de sus escenas la enamorada pero elocuente Darsenia discute con su amor sobre la dudosa moral del hombre infiel:
No estoy acostumbrada a dormir cubierta por sábanas de apatía. Tanto como a que las personas sean equiparables a muñecos de madera. Dentro de mí, un duende dice que para dar consejos como ése mejor es cerrar la boca. Si la falsedad y la hipocresía nunca son bienvenidas en casa de nadie, no las invites a entrar en casas ajenas. Son palabras como dardos emponzoñados de mentiras. Una excusa fácil para quien no quiere pensar demasiado y expiar así su culpabilidad. Un pozo sin fondo. Una brasa ardiente apagada en agua fría.
No te gustaría que te sustituyeran por un muñeco. Entonces, ¿por qué piensas que a la otra no le importaría que la sustituyeran? No hagas lo que no te gustaría que te hicieran. Es un principio sencillo y fácil de seguir, y al que acogerse si no se tiene la suficiente integridad.
Si quieres a alguien no querrás que se vaya con muñecos porque sabes que eso te haría sentir muy mal. ¿Entonces, si quieres a ese alguien, no querrías evitar que se pueda sentir así al ser tú quien lo hiciera? Pero es verdad, ojos que no ven corazón que no siente. Simplemente se hace, se calla y con una excusa sencilla como que las personas son como marionetas según para qué, ya está todo arreglado en una cabeza templada. Conciencia tranquila. Conciencias de pergamino. Sobran las palabras.
Si queriendo a alguien haces eso, es que a ese alguien no le quieres demasiado, poco te importa si le estás faltando al respeto y haciendo que se sienta mal. Pero ah, me olvidaba de nuevo, ojos que no ven corazón que no siente. Pájaros de crujiente pergamino de camino a las aspas de un molino viejo.
Cuando amas a alguien no hay muñecos que valgan. Por mucho que te gusten sabes que hay alguien que te importa y a quien podrías dejar con el corazón convaleciente. Pero, es verdad, hoy hay buenas medicinas. La más efectiva: la ignorancia.
Pero, ay, señores, que hay quien vive con una maldición y no se da cuenta. Hay quien ama a personas de carne y hueso, pero quiere más a la carne y al hueso que a las personas en sí. Hay peces que nadan por la tierra porque creen que es lo que deben hacer, y pájaros que vuelan por el fondo del mar. ¿Y la Luna? La Luna que se quede en el cielo, donde amores de dudosa seriedad no la puedan alcanzar. Que ella dicen que está loca, y la locura acompaña al amor, que está ciego, pero yo todavía no estoy tan ciega como para no ver cosas tan claras como estas.
Ahora vete, que yo me quedaré aquí o donde me plazca tan tranquila como una nube de paciencia sentada sobre un saco de clavos. Llueve sobre mojado, y sobre mojado tener un resbalón es cuestión de tiempo.
Será que le doy demasiada importancia.
Siento si te molesta lo que digo, pero pienso que esto es mejor decirlo que callarlo. Si me callara, es que ya me importa poco y poco habría que hacer aquí.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
No
Tras numerosas desgracias y convencida de que era presa de algún maligno maleficio, Namídia se pasó decanas compadeciéndose de sí misma. Lloraba y lloraba por los rincones hasta que pensó que se iba a ahogar en sus propias lágrimas. Entonces, se levantó y caminó y caminó, hasta llegar al borde de un acantilado. Estaba decidida a saltar pero, allí, viendo las olar del mar morder la roca y el aire acariciar su cara con manos invisibles, entendió que había otra posibilidad: dejar de ser víctima de sí misma a pesar de todos los males que la asediaran. Y de repente se sintió llena de vida:
No viviré esperando la flor del futuro
dejando que el presente se impregne de hiel.
No dejaré que el tiempo se escurra entre los dedos
hasta darme cuenta de que ya es demasiado tarde.
No intentaré huir del miedo que ata mi voz
sino dejarlo a mis espaldas al echar a cantar.
No volaré para llegar más lejos que nadie
quedándome solo al dejarlos atrás.
No tocaré con la piel muerta de ayer
sino con la ternura de hoy.
No miraré con ojos vacíos
sin ver el brillo de los niños que me rodean.
No escucharé con oídos sordos
la música que vibra en la luz.
No devoraré los manjares de la vida,
saborearé cada migaja y cada suspiro.
No sufriré si puedo evitarlo
y no evitaré sufrir si es necesario.
No caminaré con rumbo fijo,
dejaré que el camino me guíe a cada paso.
No lucharé convencido de haberte perdido,
lo haré lleno de la dicha de saber que te he tenido.
No moriré lentamente dejando marchitar mi alma,
moriré cuando la muerte me abrace al final.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
No somos uno, sino dos
Hubo una vez en que uno de los príncipes de Brangartia se encontraba perdido en sí mismo. No hallaba su forma de vivir, así que se consumía entre pasiones y placeres que le estaban devorando el alma como demonios hambrientos. Un día supo que su equilibrio se había roto, y pidió ayuda a una de las sacerdotisas de la corte a la que siempre acudia cuando necesitaba consejo en el confuso terreno del amor. La sacerdotisa escuchó las dudas del príncipe, y tras meditar una noche esto fue lo que le dijo:
La razón es el anclaje del cerebro. El sentimiento, la cometa
del alma. Nos pasamos la vida ondeando entre la razón y el
sentimiento, fluctuando entre lo conveniente y lo idealizado,
aterrizando en duras realidades y elevándonos en sublimes sueños.
Somos duales. Nuestra parte razón es serena y fría; es el
resultado de la suma de nuestros conocimientos, filtrados por la
intransferible capacidad para elucubrar nuestros propios
análisis y conclusiones.
Nuestra parte sentimiento es abierta y ocurrente; es el resultado del descontrol primitivo de nuestros instintos, impulsados por nuestras visceralidades y destilados por nuestras vivencias.
¿Dónde bascula el ser o no ser?
Como en todo lo que oscila, para no perder el equilibrio hay que estar en los dos lados. Porque la razón permanente es rígida, y siempre acaba agarrotando y acartonando el alma. Y porque el puro sentimiento sin límites es excesivamente vibrante, y su abuso dispersa las neuronas y acaba descomponiendo el cuerpo.
Quienes ponen todo su peso en una de las partes circulan con
las ruedas desequilibradas. Buscando sólo estabilidad o sólo
felicidad, conducen a contra-conciencia o contra-natura, porque ni somos cerebro sin alma ni tampoco alma sin cerebro.
No atender nuestra racionalidad es irracional.
No escuchar nuestros sentimientos es lo más animal. Afortunadamente somos duales, siempre relativos y permanentemente basculantes. Creo.
Autor: Ángela Becerra, Diario ADN
No te olvides de mí
Ariadna se cortó la larga trenza que señalaba su rango en la tribu de las amazonas y la lanzó al fuego como símbolo del amor que estaba dispuesta a arrancarse del pecho. Le costara lo que le costara iba a olvidar al único hombre que había conseguido atravesar los muros de su corazón y la había llevado al jardín celeste sin ni siquiera moverse del suelo, a pesar de que nunca lo había creído posible. Sin embargo, su voz interior se revelaba susurrando cosas muy distintas, haciendo que la ira se reverberara en sus adentros:
Hay que ver cómo quema la luna
cuando tu no estas aquí,
cómo pesa la noche en mi cama
si me acuerdo de ti.
Hay que ver cómo duele en mis venas
el amor que te di,
el sabor de mis últimas penas
que pené para ti.
No te olvides de mí...
Hay que ver cómo mata el dolor,
el frio y el calor,
cómo sabe de ingrato el sabor
del amor.
Hay que ver cómo amargan los besos
que al final me perdí,
cómo matan aquellos recuerdos
que se acuerdan de ti.
No te olvides de mí...
No te olvides de mí...
Fuente: letra de la canción "No te olvides de mí", de Diana Navarro
Olvidarte
Cuando un amor verdadero se apodera de un corazón, no hay fuerza ni magia en el mundo capaz de arrancarlo, tan sólo se puede invocar al olvido. Pero olvidar un amor verdadero es tarea digna de los más valerosos héroes, y aunque dicen que el tiempo sana todas las heridas, siempre queda al menos una cicatriz. La joven y dulce Sasha lo estaba descubriendo, pues su amor se acababa de marchar a la guerra para enfrentarse a los orcos y sabía que jamás regresaría. Sasha se repetía estos versos una y otra vez mientras las lágrimas se le derramaban de los ojos al verlo partir:
Olvidarte será fácil, ya lo sé,
tengo apenas que dejar de ver el mar
y cegarme ante la luz de las estrellas,
no ver llegar la luna detrás del cristal.
Olvidarte será fácil, ya lo sé,
tengo apenas que arrancarte de mi piel
y cerrar a tiempo puertas y ventanas,
no ver llegar la noche ni el amanecer.
Olvidarte será fácil,
tengo apenas que taparme los oídos
a los cantos de las aves
y al murmullo penetrante de los ríos.
Olvidarte será fácil, te lo digo,
es cuestión de no escuchar mis latidos.
Olvidarte será fácil, ya lo sé,
tengo apenas que matar un sentimiento
y tapar el sol entero con un dedo,
y cambiar mi corazón por uno de papel.
Olvidarte será fácil,
tengo apenas que taparme los oídos
a los cantos de las aves
y al murmullo penetrante de los ríos.
Olvidarte será fácil, te lo digo,
es cuestión de olvidar... que he nacido.
Fuente: letra de la canción Olvidarte, de Pasión Vega
Palabras muertas
Hubo una reina que lo que más detestaba era que no le hablasen con franqueza por el mero hecho de que fuera reina. A aquellos que le hablaban así, acostumbraba a decirles estas palabras:
Tantas palabras, tantas... Palabras que vuelan en alas del viento estrellándose contra el muro de la vanidad y la arrogancia, palabras que nunca han sido pronunciadas, palabras muertas en el silencio.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Pobres almas
Llegó a Brangartia de noche y en silencio, tan discreta como los clientes que irían llegando más adelante a los pies de la pequeña torre en la que se instaló, a las afueras de Brangartia. Fue una torre pequeña al principio, pero conforme la fortuna de su dueña fue creciendo, la torre fue creciendo también, hasta convertirse en un ostentoso y solitario palacete. Nadie se acerca a sus muros a la luz del día, pues es al anochecer cuando acostumbran a venir sus clientes, pero cuando alguien pasa cerca de él, dice escuchar el canto de una joven mujer, dulce pero mordaz:
Tristes muñecos de plomo
que os hundís en el desespero,
por más que intentáis flotar
¡nada os sirve de consuelo!
Pobres almas en desgracia...
¡ay, si no tuviera mi magia!
Esclavos sois de los deseos,
pesado yugo os ata el cuello,
que si esto, que si aquello,
¡nunca os dais por satisfechos!
Pobres almas desdichadas...
¡Ay, si no fuera tan afortunada!
A mí venís buscando ayuda,
mi virtud pongo a vuestros pies.
Dinero, belleza, poder,
¡puedo daros lo que queréis!
Pobres almas miserables...
¡Ay, mi generosidad es insondable!
A cambio sólo hay que pagar,
¿acaso es mucho lo que pido?
Sólo unos años de juventud,
¡con todo lo que he sufrido!
Pobres almas desvalidas...
¡Ay, firmad aquí, vamos, deprisa!
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Privilegio
Cuando aquel hombre le dijo estas frases con la determinación palpitando en el fondo de su voz, Ynola no podía creerlo. Ella, a la que ningún hombre había rechazado jamás y que había dejado tras de sí un rastro de corazones rotos por todos los reinos. Ella, que había seducido hasta al más digno de los reyes y al más casto de los sacerdotes, al más fiel de los amantes y al más mordaz de los asesinos. Ella, a la que todos amaban hasta morir de deseo, estaba siendo rechazada por un hombre insignificante. Y no es que él fuera más fuerte que ella para poder resistirse a sus virtudes, nada de eso, sencillamente los encantos pierden la magia para el que la serenidad y el amor propio hacen de guía, dándole ojos para ver en la mentira y alas para volar sobre los corazones llenos de veneno que se arrastran por el lodo como serpientes:
Podría dejar en tus brazos lo más preciado que tengo,
darte la llave de mi alma y permitir que entraras al jardín,
secarías todas las fuentes y se marchitarían todas las flores,
sería un desierto maldito cubierto de arenas movedizas.
Podría abandonar en tus manos todos mis poemas,
darte la clave del misterio y permitir que escribieras en él,
desordenarías todas las letras y morirían todas las palabras,
sería un pergamino en blanco cubierto de olvido sin fin.
Podría poner a tus pies todos mis sueños,
darte el poder de volar entre las nubes de mi cielo secreto,
apagarías todas las estrellas y se desharía pálida la luna,
sería un gris atardecer de invierno plagado de nubes de
tormenta.
Podría encender en tus labios el fuego de la pasión,
darte la llama de mi corazón para que atravesaras las tinieblas,
quemarías todas las ilusiones arrasándolas hasta las cenizas,
sería un campo de calaveras después del paso de la guerra.
Podría dejar que consumieras mi vida hasta el último suspiro,
podría hacerlo... pero no lo haré.
Seguiré siendo yo el resto de mis días
y mantendré intacto el privilegio de mi dicha.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Ruiseñores
El hijo pequeño de un comerciante a menudo se cansaba del jolgorio de las aves que su progenitor vendía, mas incapaz de silenciarlas a las damas al pasar con gracia decía:
Aunque sea pájaro de ciudad,
yo soy un hombre de campo.
Me agradan los ruiseñores,
y cuando no los escucho
mi alma se llena de flores.
Autor: Ignacio Redy, Nacho de Día
Se apaga tu voz
En los espesos bosques de Selvania nació un amor tan puro como la luz de una pequeña estrella. Dos mujeres, dos amazonas, se amaron sin reparos como sólo un corazón desnudo puede amar a otro. Pero su amor duró tanto como dura la vida que se apaga: un suspiro. Un día una de ellas encontró a la otra muerta a la orilla del cauce de un río, y escribió unos versos que grabó en la madera del árbol al pie del que la enterró:
Se apaga tu voz.
Tu destello cotidiano.
La raiz encendida de tus pupilas.
El verde resplandor de tu vientre subterráneo.
Ligero tambor de agua endurecida
siniestro espejismo de brisa salvaje
todavía resuena, a lo lejos, tu cintura amazónica
tu leve quejido de virgen pradera.
La noche es una colmena de fuego,
de bandera herida,
de pesada opresión en el pecho.
Me duele tu ausencia repentina,
tu infinito silencio bañado de nostalgia,
el grito apagado de la cigarra,
el último latido de la manzana.
Hay caminos burlados por el topacio
senderos que guardan la rosa equivocada
y amantes que aún cantan con los
ojos reventados.
Corre la flecha desnuda
hacia la sabia primavera,
alocada, derriba los bordes
de la intemperie,
el perfume liviano de la gaviota,
la casa antigua de la serpiente.
Lluvia de encantadora malicia,
abréme la frente de dos
escupitajos,
limpiáme de sombras con tu
suave itinerario,
bebe de mis lágrimas,
de éste exilio momentáneo.
Autor:
Pablo Mauricio Carbone, El Aleph
Amante de la poesia y las letras en general
Secretos ocultos
Había un viejo hermitaño que vivía en una cabaña en el bosque. Decían que estaba loco porque no hablaba, pero a todo el que llegaba le exponía estos tristes versos. Sus ojos contenían una mirada vacía, sin brillo. Su voz era como el crujir de las hojas muertas que caen en otoño. Con el tiempo el viejo se hizo tan viejo como la sombra de los árboles, y algunos hasta llegaron a pensar que realmente pudiera ser que hubiera descubierto secretos ocultos en el entramado de la vida que le habían arrebatado para siempre la esperanza:
El débil sonido de una flauta marchita llegó hasta mis oídos
como un lamento.
Susurraba secretos que nadie quisiera nunca oír,
secretos que arrancaban la felicidad de las manos de quien los
escuchara
como un mendigo muerto de hambre arranca de las manos de un niño
unas migajas de pan.
Eran secretos ocultos, expulsados a la fuerza de las sombras y
la oscuridad.
Secretos que revelaban la verdad de una vida sin más sentido que
el que uno le quisiera dar.
Y la verdad tiraba en dos direcciones opuestas, desgarrando a
quien la conociera.
Volver atrás ya no era posible, pues una vez despierto del sueño
no se puede escapar a la pesadilla.
Con ella la maldad también se despertó. Una maldad ruin que
se arrastraba como una serpiente maldita,
buscando un alma en la que instalarse, como un gusano o una
enfermedad, para carcomer cuanto pudiera.
Dominar... dominar el alma en la que habitaba era lo que
pretendía, pero no conocía el secreto.
Y no pudo hacerlo, pues una indiferencia egoísta estaba
fuertemente arraigada en el trono de hueso.
Tan egoísta era, que sus retorcidas raíces llegaban a todos los
rincones del cuerpo en el que vivía.
Arrugaba las sonrisas, destrozaba las risas como papeles
rasgados por unas manos crispadas,
oscurecía las miradas con una niebla gris y opaca,
infundiéndoles el temor y el odio de la amargura.
Y cuando las raíces llegaron al amor, éste se marchitó,
quedándose tan seco como los ojos de un niño que no tienen ni
una lágrima más para llorar por su madre caída.
La inocencia y la alegría recogieron sus cosas entonces,
y se marcharon a algún lugar donde los rayos del Sol hicieran
crecer sus verdes hojas.
Porque allí ya no llegaba luz alguna,
las espesas hojas del árbol de la indiferencia formaban un techo
tan compacto,
que hasta impedía el paso de la música.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Sello de amistad
Estas son unas palabras que se pueden encontrar grabadas en algunas tumbas de muchos cementerios. Cuándo se empezaron a utilizar para expresar más allá de la muerte una amistad verdadera es un misterio que posiblemente nunca se resuelva:
Más sólida que la tierra,
más profunda que el agua,
más pura que el fuego y
más fuerte que el viento
es la amistad que nos une
inquebrantable por el tiempo.
Autor: Raúl Sánchez Martínez y Núria Solà
Setmor
Fituin, el pirata, encontró un extraño libro cuando exploraba las ruinas de una pequeña isla del Mar Profundo. Estaba en muy mal estado a causa del aire salino y la humedad, pero aun así consiguió leer lo que decía una de sus páginas. El encabezado rezaba "Setmor" como única pista de lo que había contenido:
Baila raudo entre chasquidos
resoplando enfurecido,
da vueltas en espiral
con su ojo de cristal.
¡Oh, demonio de la noche,
no nos atormentes más,
pues con este sacrificio
te tienes que apaciguar!
Lame la tierra con lenguas mil
sembrando de rosas cualquier jardín,
y cuando parece que se va a calmar
de nuevo comienza su danza infernal.
¡Oh, demonio de lo oscuro,
imploramos tu piedad,
todos nos arrodillamos
ante tu grandiosidad!
Tiene cólera, tiene furia,
fuego azul y roja rabia,
ruge con la fuerza de un ciclón
hasta dejarte sin respiración.
¡Oh, demonio de la noche,
suplicamos tu perdón,
llévate tu capa gris
y devuélvenos el sol!
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Sueño y muero
Un hechicero humano se cruzó con una elfa una mañana temprana de primavera. Solos en ese bosque solitario, se acercaron para desayunar juntos. No se dijeron nada, sencillamente se hicieron silenciosa compañía. Poco sospechaba el joven hechicero que había conjuros más poderosos que los que la magia podía trazar. Al cuarto día de aquél encuentro, el joven aún la recordaba, pero ahora sentía un dolor punzante en el pecho. Cambió su rumbo y se dispuso a buscarla por dondequiera que fuera, aunque no supiera ni su nombre:
Te cruzaste conmigo aquel día
y de ese instante sueño y muero.
En tus labios quedó mi poesía,
en tus ojos la luz que no encuentro.
Lejos estás y cerca siempre,
pues ya nunca me abandonas.
En mi alma hiciste hogar
y tan sólo recordarte me emociona.
Algo en mi ser se desgarra
si no me ofreces tu acento.
Vivo buscando tus huellas.
Duermo pensando en tus besos.
Mi pasado se esfuma en la historia.
Mi presente es lo único que siento ya.
Decidido a vivir sin más demora
y juntar todo mi amor para ofrecerte.
Algo en mi ser se desgarra
si no me ofreces tu acento.
Vivo buscando tus huellas.
Duermo pensando en tus besos...
Fuente: letra de la canción "Sueño y muero", de Chambao
Tal belleza
Cuentan que había una mujer tan bella que a nadie dejaba indiferente. Los hombres se morían de amor por ella o la deseaban tanto que eran presa de una violencia feroz con tal de poseerla. Las mujeres se morían de envidia y eran capaces de los más atroces actos para hacerla desaparecer o se obsesionaban tanto con ella que acababan por enloquecer . La mujer, que más que un don consideraba su belleza como una cruel maldición, se acabó encerrando en una cueva perdida en el desierto de la media luna, hasta que un día llegó a la entrada un escuálido hombre que, al verla, le dio una extraña máscara y dijo:
Tal belleza que desprecia
de manos de hombres o dioses
cualquier cosa creada.
Tal belleza que desalienta
a los ángeles que sus cabellos peinan.
Tal belleza que eclipsa las estrellas,
indignas de contemplarla.
Tal belleza que yo soy indigno
siquiera de soñarla.
Autor:
Fco. Córdoba,
Sombra y penumbra
111 sentimientos interminables, 111 recuerdos imperdurables
Trabildar
Hay una pequeña aldea a la orilla del Bosque Verde cuyas gentes son amables y felices, pues han sabido conservar la inocencia de los niños. Al llegar Piril celebran una gran fiesta, con sencillos manjares y alegres canciones:
Llega solo y saltarín
siguiendo el murmullo del río.
Trae la brisa del jazmín
y a su paso huye el frío.
¡Aquí llega Trabildar
cantando como un jilguero!
¡Alegre es su cantar
aunque extraño su sombrero!
Tiene ojos de felino
y de oro el corazón,
piel dorada como el trigo
y de plata el cinturón.
¡Aquí llega Trabildar,
sus manos llenas de flores!
¡A todos maravillará
con su sonrisa de colores!
Trae frutas en cada bolsillo
de deliciosos sabores,
también luciérnagas y grillos
para alegrarnos las noches.
¡Ya se marcha Trabildar,
triste el bosque se queda!
¡Tan sólo queda esperar
hasta el día en que regresa!
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Tres piedras
Cuando Marleva preguntó al sabio de la aldea el motivo por el que las personas envejecían, éste no dijo nada. Tan sólo se quedó en silencio, mirándola. Vio que era muy bella, pero que ya estaba empezando a entrar en el camino del atardecer, en la edad en la que el cuerpo empieza a marchitarse lentamente como una flor que pierde los pétalos. En el fondo de sus ojos verdes vio la preocupación de la mujer por estar perdiendo el esplendor de su cuerpo, su obsesión por intentar evitar a toda costa los síntomas de la vejez. El sabio abrió la boca y le recitó unos versos:
Tres piedras de sonrisas congeladas
lloran en la orilla de un estanque,
tienen una extraña luz en las miradas,
y se diría que no dejan de mirarte.
Dos de ellas, con las cejas enarcadas,
ruedan cuesta abajo lentamente,
se acercan sin remedio a las aguas,
dibujada en sus caras su sonrisa permanente.
La piedra que en la orilla sola está,
llora y llora sin cesar con ojos de cristal,
viendo cómo sus dos compañeras
nada hacen por desviar sus carreras.
Al fin en las aguas las dos se hunden,
sendas sonrisas de felicidad en el rostro,
y la piedra solitaria de llorar se funde
quedando en su lugar un corazón de rubí roto...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Uraiel
En un rincón oscuro de alguna cueva olvidada, Balarei lee con ayuda de un quinqué un crujiente pergamino. Es excéntrico y huraño, tiene los ojos pequeños y la piel arrugada, y hace tiempo que no ve la luz del día. Tras su mesa, a sus espaldas, un viejo estante sostiene unos viejos libros. Uno de ellos es distinto, pues no ha sido escrito para él, ni siquiera versa sobre lo que tan acostumbrado está a leer. Uraiel descansa en una de sus páginas, esperando a que unos ojos se deslicen sobre ella:
Sube y baja al trabajar
con elegancia y esmero,
luego toca descansar
hasta que caiga el primero.
Nadie tiene más paciencia
en su espera inacabable,
se diría que en su ausencia
nada puede despertarle.
Pero llegado el momento
vuela con ágiles patas.
Sufrirás lento tormento,
ocho veces si te alcanza.
Poco a poco, con cariño,
de tu cuerpo se apodera.
Al final caerás rendido
si alguien no te libera.
Autor: Raúl Sánchez Martínez

