[Téndaz Ilfar ve cómo Fanshira se le acerca y le escupe palabras llenas de veneno, deduce que no lleva mucho tiempo inconsciente. No tiene fuerzas para responder siquiera, así que mira impotente cómo la sacerdotisa se dirige hacia la puerta del salón privado, donde dice que se encuentra Lasinia, su amada Lasinia, muerta hace tantos años. Fanshira va a llamarla para que acabe con él. Lasinia ha vuelto desde la muerte para cobrar la venganza que cree que merece en forma de un terrible esqueleto compuesto por los restos de su cuerpo marchito.
Téndaz descansa los ojos y el cuerpo, resignado a no poder hacer nada. La frustración se apodera de él, está demasiado cansado ya de todo. Entonces posa su mirada en el agujero del techo, donde Lailune Naesia acaba de asomar su rubia cabeza de perfectos tirabuzones. Una esperanza. Intenta señalarle a Fanshira con la mirada, nervioso, y ve como la sacerdotisa está abriendo la puerta que da al salón principal en ese momento. Téndaz espera que la perspicaz Lailune se dé cuenta de lo que pasa y evite la desgracia, al menos por el momento, pero la chica no se percata de nada y da uno de sus habituales chillidos, alertando a Fanshira.
Demasiado tarde. Téndaz ve cómo la guadaña de Fanshira vuela hacia la cabeza de Lailune con un giro amenazador. La guadaña se mueve con una fuerza poco propia de una mujer. Un grito que sale de la boca de Fanshira, casi un aullido, alerta a Lasinia de la ubicación de Téndaz. Se acabó].
- ¡Tempus supprimo! -grita una voz que retumba por toda la posada.
[Téndaz el posadero, desde el suelo del salón privado, siente que su pulso deja de latir cuando la guadaña está a punto de alcanzar con certera puntería el cuello de Lailune.
Lailune Naesia -hechicera del Cascabel Dorado- desde el agujero de la habitación de Téndaz, no ve la guadaña hasta que está a punto de segar su cabeza. Sus pupilas se dilatan ante tal visión y toda su vida pasa ante sus ojos en un instante. De repente siente que hay una magia poderosa fluctuando a su alrededor, y su último pensamiento es que nunca ha sentido una magia tan asombrosamente poderosa. Su grito se pierde en la habitación.
Fanshira Nocheoscura -sacerdotisa de Mhaerohs-, en la puerta del salón privado, grita diciendo a Lasinia donde está su amado Téndaz mientras siente el indescriptible gozo de haber lanzado su guadaña con tan buena puntería. Tenía tantas ganas de ajustar cuentas con la niñata de los tirabuzones rubios, que no se puede creer que esté a punto de cortarle la cabeza. Finalmente absolutamente todos tendrían su merecido mientras ella escapaba por la ventana del salón privado. Delicioso final.
Lasinia Datsen -la muerta viviente-, en el salón de la posada, escucha con agonía las palabras que tanto deseaba oír mientras intenta arrancarse la espada de Nael del cráneo. Su amado se encontraba allí cerca, en la estancia contigua, eso decía la oscura sacerdotisa. Entonces sintió que algo no iba bien.
Nael Piesplanos -caballero del Diente de León- está preocupado por Yakro a pesar de ver que aquella extraña mariposa está haciendo algo para curarle. Agarra con fuerza su espadón intentando desequilibrar a Lasinia y tirarla al suelo, pero tiene mucha fuerza. Su espada se detiene sin que ni siquiera se dé cuenta.
Yakro acaba de recuperar el conocimiento gracias a la extraña mariposa. Si no hubiera sido por ella ahora ya no estaría en este mundo. Aún podía notar el contacto de los huesos de Lasinia, que momentos antes le había propinado su abrazo mortal. Mientras se arrastra para llegar hasta un lugar más seguro y algo maligno late en el fondo de su corazón, sus piernas y brazos dejan de moverse.
Nenu Mimosa -pícara de profesión-, desde la puerta del almacén, observa maravillada todo lo que ocurre a su alrededor a pesar de que las manos de los muertos que la sujetan están dejándola cada vez más débil. Allí donde la tocan tiene la carne helada y cada vez más amoratada, pero aún así su ilusión no mengua. Su sonrisa ingenua se congela como todo lo demás.
Iereas -danzarín de los dioses- duerme profundamente cerca de Nenu. Sueña, sueños de pasado y de futuro. De decisiones por tomar y cuestiones que meditar. No se da cuenta de nada. La Mariposa Sacra que ha invocado espera sus órdenes, aunque él lo ignora.
Shina, Velar y Lira -sacerdotes- se miran asombrados unos a otros en el almacén. Acaban de descubrirse y aún no les ha dado tiempo a reaccionar. Tiempo, una curiosa cuestión. Se conocen, son madre e hijos, y no por ello se tienen un aprecio superior al que Fanshira siente por Lailune o por Nenu. No les da tiempo a reaccionar antes que todo se detenga. Si Velar no hubiera estado tan concentrado en otras cosas, tal vez se hubiese percatado de que una extraña magia estaba rodeándoles.
Ashtamira -sacerdotisa de Phese- espera en la puerta del jardín que da al salón de la posada, observando con diversión todo lo que alcanza a ver que ocurre en su interior. Su bebé late en sus entrañas, aunque con gusto le arrancaría el corazón si pudiera meterse la mano en la barriga sin hacerse daño. Su pensamiento se detiene.
Razzmarena -sacerdotisa dePhese- en la habitación de Yorel, no retira el cuchillo del cuello de Lina a pesar de que la daga está hirviendo cada vez más. La mano se le está achicharrando por momentos y pronto le dejará secuelas irreversibles, pero no tiene miedo.
Iris Lok -espadachín-, por su parte, tampoco retira la espada del cuello de Yorel. La situación es tensa, pero no está dispuesto a arriesgarse a que la mujer mate a Lina, su reciente amor. Mira con frialdad a Razzmarena, no dispuesto a ceder ni un ápice de espacio para dejarla maniobrar. Si duda todo acabará para Lina. No sabe qué lo provoca, pero se da cuenta de que la mano de la mujer está ardiendo a causa de la daga cada vez más incandescente. Su mirada se congela.
Lina Rivfor -guerrera- reza a los dioses de la naturaleza para que esta situación termine. Su vida y la de su hermano Yorel penden de un hilo que manejan otros que nada tienen que ver con su familia. En cuestión de segundos podría terminarse su estirpe y ese pensamiento la aterra. Huele el olor a carne quemada que desprende la mano de Razzmarena, la mujer que la retiene clavando la daga en su cuello. El calor es intenso.
Yorel Rivfor -sacerdote de Phese- desea con todo su fervor que la maldita Razzmarena se decida de una vez a matar a su hermana. Poco le importa morir si consigue su objetivo. Y matar a su hermana sería el mejor regalo que podría tener antes de morir.
Lirio Dorado -hada cazadora de pesadillas- se concentra para seguir calentando la daga de Razzmarena. No está dispuesta a permitir bajo ningún concepto que maten a su nueva amiguita. De ninguna forma. Siente que los espíritus de la naturaleza se agitan a su alrededor, inquietos, pero no puede hacerles caso ni escucharles, está demasiado concentrada.
Ázkabe -hechicero- ha acabado de vestirse y se encuentra en la puerta del primer piso, al borde de las escaleras que dan al salón de la posada. Se horroriza al ver todo lo que ocurre a su alrededor. ¿Pero qué diablos a ocurrido mientras dormía? Haciendo acopio de toda la magia que es capaz de reunir, hace el conjuro más poderoso que conoce, dispuesto a detener toda esa locura. “¡Tempus supprimo!”, repite mientras ve como todo se queda en blanco y negro. Todo, menos él.
Tiempo, una curiosa cuestión].


[Pasillo del primer piso de la posada;
El hechicero Ázkabe conjura:
- Magia arcana: detener el tiempo
Toda la posada y sus habitantes se quedan en blanco y negro, quedan suspendidos en el tiempo durante la duración del conjuro, excepto Ázkabe].
[Ázkabe se sacude la túnica, se coloca bien las gafas sobre la nariz y cierra los ojos respirando profundamente la tranquilidad que reina alrededor. Todo se ha quedado congelado, en blanco y negro. Hace mucho tiempo que no realizaba este conjuro, pero milagrosamente le ha salido bien].
- ¡Viejo chocho! -le dice a Ázkabe una voz irritante-, ¿tenías que hacerlo, verdad?, ¿no podías quedarte quieto? No, el señor sabelotodo tenía que inmiscuirse. Siempre entrometiéndose, siempre entrometiéndose.
- ¡Cállate! ¡No estoy dispuesto a escuchar tus monsergas! -responde enérgicamente.
[Se siente agotado por el esfuerzo que acaba de hacer. No tiene mucho tiempo, y lo sabe. Muchas vidas dependen de él, lo ha visto. No puede fallar, así que de nuevo conjura su magia, consciente de que será la última vez que podrá hacerlo hoy]:
- Oh, mano del viento que llena la vela de los navíos empujándolos a través de océanos insondables, golpe de rayo que corres por los cielos raudo como luz de las deidades, ligereza de pantera y agilidad de gacela, soltura de ratoncillo y presteza de águila. Yo os conjuro. Entrad en mí y ofrecedme lo que os pido, ¡os lo ordeno!
[Pasillo del primer piso de la posada;
El hechicero Ázkabe conjura para sí:
- Magia arcana: celeridad
Ázkabe se mueve, mientras dure el conjuro, al doble de la velocidad normal para un humano].
[Ázkabe se apresura, si la visión que ha tenido mientras dormía era cierta, no disponía de mucho tiempo para evitarlo todo.
A la velocidad del rayo, se dirige a la habitación de Yorel, abre la puerta y se acerca a Iris y a Razzmarena. Coge la espada larga de uno y la daga incandescente de la otra, y las tira al jardín por la ventana rota. Luego suelta a Yorel de las manos de Iris y a Lina de las manos de Razzmarena, separándolos para que puedan maniobrar. “Estos jovenzuelos maleducados...”, piensa con desaprobación.
Baja al salón y arrastra como puede a Yakro debajo de una mesa. Invierte unas décimas de segundo en admirar con asombro a Lasinia, cuya cabeza sigue atravesada por el espadón del caballero Nael, y a continuación se dirige al salón privado. Ignorando a Fanshira, pasa por su lado y llega hasta la guadaña que está a punto de arrancar la cabeza de Lailune. La coge y vuelve al salón, colocándola justo delante del cuello de Lasinia.
De camino al almacén, libera a Nenu de las manos de los muertos que la sostienen y la coloca a salvo sobre el escenario. Oculta a Iereas tras unas cajas del almacén para que duerma tranquilamente y mueve a Shina hasta la cocina, cerrando las puertas que la separan tanto del almacén como del salón de la posada, y atrancándolas con numerosas astillas y palos rotos desde fuera para que no se puedan abrir desde dentro.
A duras penas ha atravesado la trampilla del almacén que da a la cripta cuando las ruedas del tiempo empiezan a chirriar enojadas. La realidad recupera su color y movimiento].
[Iris, Yorel, Lina y Razzmarena se quedan estupefactos ante la desaparición espontánea de sus armas y su cambio de posiciones. Lirio Dorado pierde su conjuro, ya que el objeto que calentaba con ayuda del espíritu del fuego -la daga de Razzmarena- ha desaparecido.
Lailune se queda alucinada al ver que la guadaña que estaba a punto de segarle el cuello había desaparecido, tanto como Yakro de aparecer debajo de una mesa.
Nenu está convencida de que ha adquirido el poder del teletransporte, si no de qué otra manera podía haber llegado hasta el escenario liberándose de su encierro.
Velar y Lira han visto a su madre con sus propios ojos, ¿o era una ilusión? Lo que no saben es que Shina está encerrada en la cocina y no podrá salir a menos que desatasquen las puertas desde fuera.
Los ojos de Lasinia no tienen tiempo de percatarse de que la guadaña le ha rebanado el pescuezo ante el asombro de Nael].
[Nenu Mimosa, algo débil, comenzó a moverse léntamente y tambaleándose. ¡No se lo podía creer! Sin quererlo, se había teletransportado al escenario! Un vago pensamiento comenzó a surgir en su cabeza al recordar unas palabras que su abuelo le dijo en una ocasión: "Nenu, en tu interior albergas un gran poder, un don...llegará un momento en el que te darás cuenta...y te acordarás de estas palabras...". Las lágrimas comenzaron a asomarse en sus pequeños ojos azules al recordar todo aquello, y entender el significado que tenían..el poder de la teletransportación. Su abuelo fue una persona muy importante para ella, y le habían dejado una profunda marca todas las enseñanzas que le había dado. Hacía 10 años que no sabía nada de él, Krimilín, pues su espíritu aventurero le había conducido a su último viaje. Aunque tenía una edad avanzada, no quiso morir en casa, ni que sus nietos vieran como se iba apagando. Decidió coger la mochila y emprender un largo viaje del que jamás retornaría...Nenu, volvió a la realidad, a la posada, y se dio cuenta que tenía que dejar de recordar y actuar rápidamente. Tenía que ver si todo el mundo estaba bien. Se dirigió en primer lugar a Lasinia... para asegurarse que estuviera bien muerta!!!]
[Lucha en el salón;
Guadaña de Fanshira impacta en Lasinia Datsen por obra de Ázkabe:
- Tirada de ataque (d20): auto
--> Impacta, daño (1d8): 3
La guadaña de Fanshira secciona el cuello de Lasinia haciendo que su cabeza quede colgando del espadón de Nael. Sus manos intentan llegar al lugar donde se encontraba pero sólo llegan a acariciar las vértebras de su cuello. La boca de Lasinia expulsa maldiciones ininteligibles mientras cuelga en la cabeza de la espada de Nael].
[Velar esta atónito después de la imagen fugaz que acaba de presenciar. ¿Era realmente su madre? ¿Los había encontrado?]
[Lira también tiene la misma imagen en su retina. Se gira mirando a Velar.]
-¿Era mama? ¿Tú también la has visto verdad?
- Sí Lira yo también he visto a madre, pero si era ella donde esta, donde se ha metido… Aunque pensándolo mejor quizás debamos dejar de plantearnos esto, debemos irnos ahora, antes de que volvamos a verla, debemos alejarnos lo más pronto posible. No quiero volver a enfrentarme a ella.
- Tu siempre escurriendo el bulto y la confrontación hermanito, aunque en este caso lo entiendo, quizás sea mejor marcharnos cuanto antes.
[Shina oye una voz conocida, la de su hijo, gira la cabeza y lo ve. La pequeña Lira esta recostada en su espalda pero también ha reaccionado bajando de la espalda de su hermano y la llama. Shina se reconforta, por fin ha encontrado a sus “queridos” hijos…
En ese momento todo cambia a su alrededor, no sabe que ha pasado.
-¡¡¡Noooo!!!
Con rabia intenta incorporarse pero su cuerpo sigue demasiado débil para hacer cualquier movimiento.]
-¡Ayuda!
¡¿Velar? ¿Lira?!
¡¿Puede alguien oírme?!¡ ¿Hay Alguien? !
[Yakro se sorprende de estar de golpe debajo de una mesa. Para el es evidente que ha transcurrido un lapso de tiempo que no recuerda haber vivido. Rápidamente se maldice, otra vez le ha vuelto a pasar, otra vez no recuerda lo que ha pasado en un lapso de tiempo, otra vez ha vuelto a sufrir otra de sus lagunas. Da un vistazo a su alrededor y ve como la cabeza de Lasinia cuelga de la espada de Nael, parece que Nael esta teniendo más destreza con la esqueleto que poco antes de que Lasinia llevara a Yakro al borde de la muerte. Intenta incorporarse, pero no puede, su cuerpo no le responde.]
Iereas estaba en el templo de Leinay ensayando las Contradanzas de la creación, cuando la cuerda de su espardeña se rompió. Perdió el equilibrio y cayó al suelo de bruces. Cuando miró a sus compañeros, todos lo miraban con desprecio y con risas. En ese momento, a Iereas se le humedecieron los ojos.
(Durante ese instante, la escena se ralentizó y sintió cómo se prolongaba ese infernal momento en su cabeza, cómo lo revivía en todo su maldito esplendor)
Pero pronto se le acercó un compañero. Era más corpulento y algo más mayor. Le dio la vuelta y sentó a Iereas en el suelo y tocó su tobillo para ver si había algo dislocado. Cogió la cuerda rota e hizo un nudo para poder aprovechar los dos trozos. Los dos cruzaron la mirada y sonrieron. Iereas se sintió menos rechazado.
[Nenu miraba fascinada cómo la boca de Lasinia expulsaba maldiciones ininteligibles mientras colgaba en la cabeza de la espada de Nael. No podía creérselo, si Rand viera eso se daría cuenta del gran error que cometió cuando aquella vez la llamó parlanchina (un gran insulto entre los jurus) mientras estaban castigados después de clase porque el profesor dijera que nunca prestaban atención a sus clases.
Lasinia, no callaba ni muerta, eso sí que era ser parlanchín.
Se paró antes de acercarse más a ella, y decidió cambiar el rumbo... sólo por si a caso.
Buscó con la mirada a Nael, e intentó transmitirle con gestos que acabara de rematarla]
[Lasinia nota que ha perdido literalmente la cabeza. Intenta buscarla con las manos, pero no la encuentra. Sabe que está en la espada del caballero, pero no puede coordinar sus brazos para agarrarla, no puede coordinar su cuerpo. No entiende nada. La ira la recorre a bocanadas, pero intenta serenarse, sabe que así no conseguirá más que acabar muerta. ¿Muerta? Pero si ya está muerta, qué estupidez. Ya que no puede unir las partes de su cuerpo porque con la cabeza separada no lo puede coordinar, intenta conjurar, quizá no necesite tener su cuerpo unido para hacerlo. Va a sumirles a todos en la oscuridad más negra que hayan visto jamás. Su mandíbula deja de maldecir y comienza a emitir las palabras que necesita].
- Tseeeee miasssshroooo ummmrrrrruuuu naeeeeeessshaslarrr...
[Salón de la posada;
Lasinia Datsen conjura:
- Magia arcana: tinieblas
Al principio no parece que ocurra nada, pero tras unos segundos un remolino de un espeso humo negro empieza a brotar de las manos de hueso de Lasinia. El humo se extiende entre susurros sombríos a través de gran parte del salón, engullendo a Lasinia, Nael, Yakro y Nenu. Dentro de esa palpitante oscuridad no se ve absolutamente nada. Hace frío, los músculos se entumecen y los movimientos parecen ralentizarse. Los que se hayan en las tinieblas se sienten muy confusos, no saben donde se encuentra ninguno de los puntos cardinales.
Bashmar Mazadeplata ve cómo las tinieblas intentan rodearle, pero el escudo vital de la ninfa de Iereas aún le protege, y se cierran alrededor de él encerrándolo en una burbuja negra. Las tinieblas no pueden alcanzarle, pero la luz tampoco].
[Nael se ve rodeado por la negrura que emiten las manos de Lasinia. Se siente indefenso sin el sentido de la vista. La confusión le invade y por un momento no sabe qué hacer. Decide golpear su espada contra el suelo, con la esperanza de partir en dos la cabeza de Lasinia que cree que aún cuelga de su espadón].
- ¡Por el Diente de León, yo te condeno a desaparecer del mundo de los vivos!
[La sentencia que su orden emite antes de una ejecución le llenan de valor. La emoción de su solemnidad le recorre].
[Lucha en el salón;
Nael Piesplanos ataca con espada de dos manos a la cabeza Lasinia Datsen que cuelga de su espada, intentando romperla en dos:
- Tirada de ataque Nael (d20): 18 -4 (tinieblas)
- Gac0 Nael (espada 2 manos): 16
- Golpea a: 2 (16 - 14)
- Armadura Lasinia: 2
--> Impacta (2 <= 2), daño (1d10+3): 4
El frío de las tinieblas recorre el cuerpo de Nael haciéndole tiritar. Con su movimiento mermado, no maneja la espada con la soltura con que normalmente lo hace. Aún así, el impacto de la espada contra el suelo golpea la cabeza de Lasinia. El golpe no tiene la suficiente destreza como para romperla en dos, pero eso Nael no puede verlo en la completa oscuridad que le rodea. Si quiere comprobarlo tendrá que hacerlo ayudándose de otro sentido que no sea el de la vista].
[La criatura que Iereas invocó sobrevuela las tinieblas de Lasinia antes de que la alcancen. Busca a su dueño, y siente donde se encuentra por el vínculo mágico que les une.
Vuela hasta el almacén con premura, y se posa sobre Iereas entre las cajas. Está dormido y sabe que se halla desprotegido. Entre destellos brillantes la mariposa se deshace en una cascada de colores que se derrama sobre Iereas con la intención de despertarlo].
[Iereas se despierta de su sueño de cansancio. Su espíritu se ha recuperado de los excesos mágicos a los que lo sometió, lo suficiente como para despertarse, aunque no lo suficiente como para volver a invocar a los dioses. Para eso necesitaría descansar mucho más.
No sabe como ha llegado hasta allí, pero se encuentra rodeado de cajas en el almacén].
[Bashmar se encuentra bajo las tinieblas de Lasinia, pero protegido por la burbuja protectora de la criatura de Iereas. Conserva su orientación, ya que las tinieblas no han llegado a tocarle. Nunca le ha gustado la oscuridad, pero las tinieblas mucho menos. Esa no era una oscuridad normal, lo sabe. Puede sentir el mal latiendo a su alrededor, en todas partes. Ese mal le abruma y le agobia, le oprime el pecho y le corta la respiración. Un sudor frío le recorre la frente. Decide echar a correr hasta el extremo del salón donde se encuentra la chimenea para salir de ahí].
Iereas abrió los ojos. Se encontraba aliviado. Sentía cómo persistía la bendición del Hada de la vida sobre su cuerpo. Pero algo más había caído sobre él, algo beneficioso. Pero lo desconocía.
Intentó enderezarse, pero se vió semienterrado por cajas. Lanzó con estrépito las cajas más cercanas a él para poderse mover con más libertad, y finalmente trepó entre las cajas más grandes. Cuando miró a su alrededor vio a dos personas desconocidas para él. Sus vestimentas blancas les dieron buena impresión, pero, puso su mano derecha en el mango de la daga.
-¿Quienes sois?