[Téndaz intenta de nuevo ponerse en pie cuando escucha los gritos que provienen del salón. Un escalofrío le recorre, sabe que Lasinia está atacando de nuevo. Se siente culpable e impotente, pero aún así no sabe qué más puede hacer].
[Consigue tenerse en pie durante un momento apoyado en la pared, pero al intentar dar un paso siente un dolor que le atraviesa como un rayo y se cae otra vez al suelo. Tal vez se hubiera roto el pie en la caida desde el piso de arriba].
- Maldición...
[Mira su esfera mágica, ahora estaba de color turquesa, entonces una idea se le pasa por la cabeza...]


[La puerta de la posada se abre de golpe. Un muchacho joven, de altura media y cuerpo fibrado, entra a grandes zancadas dejando la puerta abierta tras de si. En su mano derecha blande una espada, en la izquierda un escudo. Su cuerpo está cubierto por una armadura de cuero. Recorre a toda velocidad la mitad del salón, cuando cae en la cuenta la lucha que se está produciendo. Para en seco, y se queda inmóvil sin saber bien como reaccionar, mira la puerta con terror y luego mira a Lasinia. Se tira al suelo de golpe y repta en dirección a las escaleras que parecen subir al piso de arriba, sus movimientos son ágiles y veloces.]
[Las serpientes negras que salieron de la mano de Lasinia se lanzan sobre Lailune y Yakro. Se enroscan con fuerza en sus cuerpos y les muerden repetidas veces. Lailune pierde instantáneamente el conocimiento mientras sus venas se tiñen de negro y sus ojos se llenan de rojo. A Yakro le ocurre lo mismo. Al cabo de unos segundos, parecen sombras en lugar de criaturas del mundo de los vivos. Sus cuerpos están completamente negros y a veces incluso parecen difuminarse. Sus corazones han dejado de latir].
[Lailune se llena de pánico cuando ve que las serpientes negras se le echan encima, ni siquiera ha tenido tiempo para reaccionar. Siente los mordiscos en su tersa piel, horrorizada al pensar en las marcas que le dejarían. Grita de dolor, de puro dolor, hasta que las sombras se la llevan].
[Iereas está contento tras racionar una estrategia en su estado, pero cuando escucha los balbuceos que ha omitido el desconcierto llega a su cabeza.
¿De qué le servía mantenerse lúcido si no podía moverse ni hablar? Ahora que el miedo se había escapado de su cuerpo, la impotencia le invadía. Su destino era quedar impávido en medio del salón, esperar a vivir o a morir. Ese era la terrible y verdadera cara del destino.]
Al ver todo lo que está ocurriendo en el salón, Felina decide marcharse. Salta por encima de las mesas para salir de la posada por una de las ventanas.
[Cuando Bashmar ve caer a Lailune y volverse negra como el carbón, al igual que Yakro, le parece estar viviendo una pesadilla. Todo esto no puede ser real. ¿De qué servía todo?, ¿para qué esforzarse? Nada podía detener a ese maldito monstruo, él ni siquiera tenía fuerzas para invocar a Leinay. ¿Por qué su Diosa no le ayudaba ahora? Siempre había confiado en ella, pero ahora ya no estaba seguro].
[Sabía que esa duda que había nacido en su corazón era lo peor que podía pasarle en este momento, porque con duda, su fe ya no existía, y su fe era la fuerza que le impulsaba, el escudo que le protegía. Si su fe temblaba, toda su existencia carecía de sentido].
[Nael escucha gritar a Lasinia y siente un profundo dolor en su corazón. ¡Ese maldito monstruo estaba acabando con todos sus amigos y él no era capaz de hacer nada! La impotencia recorre sus músculos y la idea de que sus armas no serven para nada empieza a anidar en su cabeza como un pájaro. Las manos le tiemblan. Pero Nael tira al pájaro del nido, él no es de los que se rinden].
[Apretando los dientes hasta que le chirrían de pura rabia, dispara su arco de nuevo, intentando enfocar su rabia en una dirección para no errar el tiro].
[Lucha en el salón;
Nael Piesplanos ataca con arco largo a Lasinia Datsen:
- Tirada de ataque Nael (d20): 8 - 5(tiro de precisión)
- Gac0 Nael (arco largo): 16
- Golpea a: 13 (16 - 3)
- Armadura Lasinia: 2
--> No impacta (13 > 2)
La flecha de Nael pasa de largo].
[Lucha en el salón;
Nael Piesplanos ataca con arco largo a Lasinia Datsen:
- Tirada de ataque Nael (d20): 20 (crítico, daño x2)
- Gac0 Nael (arco largo): 16
- Golpea a: -4 (16 - 20)
- Armadura Lasinia: 2
--> Impacta (-4 < 2), daño (1d8): 3 x 2 = 6
La rabia de Nael se enfoca en un punto con certera precisión mientras sus dientes chirrían con fuerza. La flecha sale disparada hacia el anillo de Lasinia e impacta clavándose de punta en la piedra azul que tiene engarzada. El fuego de su luz parece debilitarse por un segundo en el que el tiempo parece detenerse, y después la flecha se astilla hasta que no queda nada de ella. La luz vuelve a recuperar su potencia cegadora, pero una pequeña grieta ha quedado en la gema].
[Lasinia abre la boca hasta desencajar completamente la mandíbula cuando ve que la flecha del caballero golpea su anillo. El fuego rojo de sus ojos se concentra de ira en pequeños puntos de luz que parecen a punto de estallar como dinamita. Una extraña calma se apodera del salón durante unos segundos, y entonces un grito atronador surge de su boca. Es increíblemente potente].
- ¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!!!!!
[Lucha en el salón;
Lasinia Datsen ataca a toda la posada:
- Poder: grito de la muerte
- Daño a todo el que lo escucha: 5
El grito de Lasinia es tan arrolladoramente devastador, que la posada a punto está de derrumbarse por completo. El techo y las paredes se quiebran y pedazos salen disparados por todas partes, algunos muebles del piso de arriban han atravesado el suelo quebrado y han caído destrozados al salón. Los habitantes de la posada salen propulsados por el aire chocando contra las paredes, sus huesos a duras penas resisten la vibración del grito y a punto están de quebrarse, pierden el conocimiento durante el tiempo que perdura el sonido, pero después están tan aturdidos que no recuerdan ni dónde se encuentran ni quiénes son].
[Los efectos del miedo mágico que sufría Iereas se ven sustituidos por los efectos del potente grito de Lasinia].
[Lasinia vuelve a cerrar la boca, entonces se ríe con frialdad. Después emite un extraño susurro y alza las manos].
- Alzáaaaaaooossss.
[Nenu, Lailune y Yakro se alzan del suelo y se ponen en pie. Adoptan una extraña postura, con la cabeza gacha y el pelo por delante de la cara cubriéndoles los ojos rojos, los hombros caídos y los brazos muertos a los lados. Parecen sombras de lo que fueran una vez cuando estaban vivos, con esa piel tan negra que parece cubierta de carbón líquido. Caminan arrastrando los pies. Han desaparecido el nerviosismo de Nenu y la gracia sensual de Lailune].
[Nenu mira a su alrededor con una nueva visión del mundo. La maldad recorre cada pedacito de su minúsculo cuerpo y no puede pensar en otra cosa que en despedazar a quien una vez fuera su amigo. Desea probar su sangre y saciar con ella su sed. Lo quiere, lo quiere muerto].
- Naeeeeel... -murmura mientras camina hacia él torpemente al principio y más ágilmente después.
[Lailune da unas vueltas por el salón hasta que siente a su amigo Velar].
- Tengo seeed... ssangrrre...
[De repente cambia de rumbo trazando una línea recta hacia el almacén. Ahora su cascabel ya no transmite alegría, en lugar de eso emite un tintineo macabro].
[El tatuaje de Yakro se arrastra por su piel como una serpiente, vivo. Traza retorcidos dibujos que dan vueltas una y otra vez por todo su cuerpo. Yakro empieza a seguir la misma dirección que ha seguido Lailune].
[Los habitantes de la posada empiezan a recordarlo todo. La confusión que reinaba en sus cabezas está desapareciendo].
[Velar esta algo atónito, todo lo que esta ocurriendo en la posada le esta superando y de mucho…
En ese momento gira la vista hacia su hermana la cual tiene sus dos pequeñas manos sobre su cabeza.]
- ¿Lira? ¿Estas bien?
- Sí hermanito, creo q sí.
[Inmediatamente oye la voz corrompida de Lailune, y no da crédito a lo que sus ojos y sus oídos le transmiten, también puede ver como Yakro sigue a Lailune.]
- Hemos de salir aquí, no se como, pero no te preocupes hermanita te sacaré.
[Velar se pone en pie delante de Lira y con la mano izquierda la obliga a la pequeña a ponerse a su espalda.
Un gran escalofrió recorre el cuerpo de Velar, tan es así que incluso la pequeña Lira puede sentirlo.]
-¡Lailune! Escúchame, toma el control, ¡lucha! Se que puedes hacerlo. ¡Lailune!
[Velar estira lo máximo que puede su vara en dirección a Lailune y Lira se agarra a los pantalones de este con extrema fuerza. La vara de Velar empieza a brillar.]
-¡Oh gran Diosa de la Luna Blanca, Aknaliss, escucha la plegaria de uno de tus fieles servidores!
¡Dame una parte de bondadosa luz. Luz que ilumine el cuerpo de la que se encuentra ante mí, para que así la vida oscura que ahora yace en él desaparezca y pueda descansar en paz!
[De los ojos llorosos de Velar se desliza una lágrima. La lágrima recorre toda su mejilla hasta llegar a la barbilla donde se precipita encima de la parte final de la vara. El conjuro se genera justo en el instante que la lagrima toca la vara.
Lira ha soltado una de sus manos de los pantalones de su hermano, no las tiene todas consigo y no piensa confiar en la diosa Aknaliss, para resolver esa situación, empieza a pensar que artes de la diosa Argenissa le podría ser útil en esa ocasión.]
[Lucha en el salón;
Velar Luzdeluna conjura contra Lailune Naesia:
- Magia divina: bendición
- Daño (1d4): 1
La vara de Velar reluce con una luz blancoazulada que se proyecta sobre el cuerpo de Lailune. Ella se detiene y se tapa los ojos, parece cegarle. La luz le quema la negra piel, pero Lailune no grita. Le aparecen burbujas y pequeñas heridas].
[Bashmar se lleva las manos a la cabeza. Le duele por el golpe. De repente se encuentra tirado contra la pared y tiene el cuerpo dolorido. Lo último que recuerda fue que Lailune había caído al suelo por culpa de las serpientes negras de Lasinia. ¿Caído al suelo? No sabe si es porque está alucinando por el golpe, pero ve como Lailune camina como un monstruo, al igual que Nenu y que Yakro. Puede notar claramente el intenso mal que emana de ellos. Está perplejo, no sabe qué hacer].
[Nael se levanta lo más rápido que puede. ¿Qué ha pasado?, sólo recuerda que la mujer esqueleto gritó. Ve a Nenu caminar hacia él, pero Nenu ya no es Nenu, es otra cosa. Está seguro, no es Nenu, es parecida a Nenu, pero no lo es. Tiene la piel negra y los ojos rojos, y camina de forma extraña. Y Lailune y Yakro, ¿qué les ha pasado?].
- ¿Nenu, eres tú pequeña?
[Sin darse casi cuenta, Nael saca su espadón mecánicamente. Intuye que algo no va bien].
- Nenu, detente. No sigas avanzando. Por favor.
- ¡Nael, ten cuidado, esa no, no es Nenu! No sé que le pasa, es su cuerpo, pero... no, no es ella. Estoy seguro que es por culpa de lo que le hizo el, el monstruo. Esas serpientes malig-malignas... Tiene que haber una forma de detenerla sin hacerle daño. ¡Nael, no-no-no le hagas daño! Si la matas quizá nuestra Nenu desaparezca también pa-para siempre. Puede que haya alguna forma de invertir ese estado.
[Bashmar intenta pensar alguna forma de detener a Nenu sin hacerle daño. Si tuviera a mano su derribador... pero lo dejó en su habitación y no hay tiempo de ir a buscarlo].
- Una cu-cuerda. ¡¿Alguien tiene u-u-una cuerda?!
- De acuerdo Bashmar.
[Nael envaina su espadón y se aparta de Nenu tanto como puede, hasta que se choca contra la pared. Por suerte la otra Nenu no es muy rápida].
- ¡Nenu, detente, he dicho que te detengas!
[Nael se prepara para esquivar un posible ataque de Nenu y responder inmovilizándola].
[Movió los brazos y se apoyó en ellos para enderezarse y sentarse en el suelo. Estaba moviéndose, podía mover su cuerpo otra vez. Su piel aun mantenía un tono azulado que poco a poco iba atenuándose. Cerró los ojos y mientras inclinaba la cabeza hacia atrás, dejó escapar un suspiro de alivio. Sus músculos aun se encontraban agarrotados, pero la sensación era aliviadora.
Hizo trabajar sus músculos otra vez para mantenerse en pie. Le costó ligeramente estar sujetado por sus piernas, pero la pared próxima a él le ayudó. Miró a su alrededor y se percató del lamentable estado de la posada. Parecía una chabola tronada, muy diferente a lo que le parecía recordar, aunque el ambiente oscuro era el mismo que desde que entró.
Un odio le recorrió las venas. Había huído, sanado a personas desconocidas hasta perder el conocimiento, que luego desgarraban sus velos. Una mujer gata le desgarra su sagrado atuendo y un esqueleto medio desollado le había herido con su presencia mortuoria. Desenvainó sus dagas y se dirigió directo al esqueleto.
Pero aquel arrebato de furia se le deshizo cuando vio a tres habitantes negros como el tizón avanzando por la posada. Uno de ellos era el que había intentado salvar con una de las mayores invocaciones de Leinay.]
-¿De qué sirve todo esto?