Tablón de Arte
- Canción de la Luna y las Hadas
- Magia Arcana: Celeridad
- Magia Arcana: Silencio
- Magia Divina: Ahuyentar Muertos Vivientes
- Magia Divina: Disipar Magia
- Magia Divina: Invocación de los Espíritus de los Muertos
- Magia Divina: Resurrección de los Muertos
- Magia Divina: Vida
- Cuento de la Hermana Malvada
- Cuento de la Hermana Buena
- Cuento de la Calavera
- Poema de Lasinia
- Visión de Ázkabe
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Canción de la Luna y las Hadas
Canción que Lailune Naesia canta cuando siente nostalgia, según dicen es una canción que los maestros hechiceros enseñan a los niños que van a ser instruidos en el arte de la magia:
Y entonces llegó la noche,
tan suave y fresca como una lluvia de verano,
y con ella llegó el canto de Aknal,
blanco, puro, radiante,
como una voz de cristal que repiqueteaba
sobre la superficie de los lagos, entre estrellas.
La magia borboteaba en un círculo de setas
mientras las hadas danzaban a su alrededor
jugando desnudas con sus notas.
No se dieron cuenta de que la sombra se acercaba, arrastrándose
como una serpiente enferma...
Las sonrisas se marchitaron
como flores de pergamino bajo una lluvia de lágrimas.
Las caricias de la brisa se partieron
en finos añicos de cristal que arañaban su piel.
Y pidieron ayuda a la Blanca Señora, hambrientas de alegría,
y ella les respondió con un susurro.
En secreto les decía que tuvieran fe
en sus pequeños corazones, que delante tenían la respuesta.
Y confiaron.
Abandonaron sus alas al viento,
se dejaron llevar por el agua de las cascadas entre flores.
La luz invadió de nuevo sus ojos y la sombra,
que habitaba sus corazones como un gusano,
se vio obligada a salir.
Miles de primaveras se sucedieron en un instante
llenándolas de júbilo y de gozo.
Las flores explotaron a su alrededor
entre frutos de brillantes y suculentos colores.
Nunca más se la volvió a ver...
nunca más se la volvió a ver...
entre las hadas y la Luna Blanca...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Arcana: Celeridad
Conjuro que algunos hechiceros, como Ázkabe, utilizan para moverse a gran velocidad:
- Oh, mano del viento que llena la vela de los navíos empujándolos a través de océanos insondables, golpe de rayo que corres por los cielos raudo como luz de las deidades, ligereza de pantera y agilidad de gacela, soltura de ratoncillo y presteza de águila. Yo os conjuro. Entrad en mí y ofrecedme lo que os pido, ¡os lo ordeno!
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Arcana: Silencio
Conjuro que algunos hechiceros, como Ázkabe, utilizan para provocar el silencio:
[El mago lanza una estela de polvo en el aire y el suave ulular del viento inunda el lugar. Mueve las manos ágilmente dibujando formas invisibles en el aire].
- Oh voces del viento que llegáis a todos los rincones del mundo, que lleváis en vuestro seno todas las melodías y todas las palabras pronunciadas por miles de bocas en todas las lenguas, honradme con vuestra ausencia por unos instantes, convertíos en asesinas del sonido marchitándolo con cuchillos invisibles hasta que no quede nada, brindadme el vacío, ofrecedme el silencio...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Divina: Ahuyentar Muertos Vivientes
Conjuro que sacerdotes portadores de vida, como Bashmar, utilizan para exhortar a los muertos vivientes a abandonar el mundo de los vivos:
- Invoco todo lo vivo que camina por las tierras de este mundo. Invoco la fuerza de los corazones y la pureza de los espíritus inocentes bendecidos por Nuestra Señora de la Creación. Que tu gracia entre en mí y les deslumbre su brillo -el símbolo comienza a iluminarse.
- Espíritus de los difuntos que ahora regresáis, os pido que escuchéis mi humilde petición. Que el mal que os atormenta os abandone, recuperad la libertad, y os devuelva de nuevo al sueño eterno, descansad de nuevo en paz.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Divina: Disipar Magia
Conjuro que sacerdotes como Bashmar utilizan para disipar los efectos de la magia en un determinado momento:
- Oh Leinay, Suprema Señora de la Creación, Escultora Divina, escucha mi plegaria, haz caso a mi ruego: llévate de aquí toda la magia que se arremolina formando el caos, corta el tapiz de hilos mágicos que nos enredan como una sutil telaraña, rompe sus efectos como se rompe un cristal que no podemos ver pero que nos limita.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Divina:
Invocación de los Espíritus de los Muertos
Conjuro que sacerdotes en contacto con el otro mundo, como Fanshira Nocheoscura, utilizan para invocar a los espíritus de los muertos:
- Oh, mi Señor Oscuro, Señor de la Eterna Muerte, dame tu mano y acompáñame más allá de la vida con su gélido roce, concédeme tu mortal aliento, entra en mí y sal de mí, tómame como tuya que soy y haz de mi carne y mis huesos tu oscura morada.
- Invoco la vida más allá de la muerte. Espíritus que habitáis en las profundidades de la existencia, sin descanso, privados de vuestra voluntad y que deseáis. Invoco a los muertos: os tiendo mi mano, os cedo mi cuerpo, ved por mis ojos, hablad por mi boca.
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Divina: Resurrección de los Muertos
Conjuro que sacerdotes en contacto con el otro mundo, como Fanshira Nocheoscura, utilizan para resucitar a los muertos:
[El medallón del sacerdote emite un halo de oscuridad enfermiza. Su voz, un susurro oscuro y sibilante, resuena como si procediera de una carcasa vacía].
- Oh, mi Señor Oscuro, Señor de la Eterna Muerte, escucha mi ruego desde las oscuras profundidades de los Infiernos en los que moras: conviérteme en la hoja de sangre que tiende el negro puente a aquellos que desean llegar a la puerta de la muerte para regresar de entre los muertos, permíteme ser la negra oscuridad que les guíe entre tinieblas hacia el mundo de odio, de luz.
- Invoco la vida más allá de la muerte. Llena los cuerpos que yacen en su eterno descanso, despierta la carne podrida y el hueso resquebrajado, la piel seca y los ojos vacíos. Tinieblas, ocupad sus corazones deshechos y bombead vuestra negra oscuridad por venas ausentes.
- ¡Yo os reclamo al mundo de los vivos! ¡Obedecedme!
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Magia Divina: Vida
Conjuro que sacerdotes portadores de vida, como Bashmar, utilizan para invocar a las almas que están a punto de dejar su cuerpo, obligándolas a regresar a él y no permitiendo así que muera:
- Oh Leinay, Suprema Señora de la Creación, Escultora Divina que nos diste a todos forma y nos insuflaste gracia y vida, invoco ahora tu infinita sabiduría. Que tu gracia entre en mí, y de mí pase a entrar en este cuerpo -abre la boca del cuerpo y le mete algo que ha sacado de un bolsillo-, no dejes que donde hubo vida quede ahora el triste vacío de la muerte. Honra este cuerpo con la cálida carícia de tu sagrado aliento.
[El medallón del sacerdote empieza a brillar. Sus manos emiten una tenue luz rosada mientras las mueve con serenidad en una especie de sutil danza de la vida. La paz invade a los presentes. El tiempo parece deterse. El sacerdote arroja unos polvillos sobre el cuerpo].
- Oh Leinay, Infinita Señora del Bien y la Misericordia, escucha mi plegaria, escucha mi petición: haz florecer en el cuerpo de esta alma descarriada el milagro de la vida que ahora se escapa, que lata de nuevo su corazón y se llenen de aire sus pulmones. Llénala con tu gracia.
[Entonces el sacerdote se echa sobre el cuerpo con los ojos cerrados, poniendo su mejilla sobre la suya, sus brazos sobre los suyos y, en definitiva, cada miembro de su cuerpo sobre los equivalentes de él. Una luz rosada inunda el lugar. Parece brotar del sacerdote...].
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Cuento de la Hermana Malvada
Cuento narrado por un transeúnte de la posada que posteriormente acostumbró a dejar misteriosas notas para Lailune Naesia:
Ayer me encontré con un humano que me contó una historia asombrosa. Dice que le han contado que hace unos años había una chica muy poco agraciada. Su horrible rostro solo era comparable a su agrio carácter. Esta joven, lo que más ansiaba en el mundo era poseer belleza. Envidiaba la belleza de su hermana, pues ésta si que poseía muchas virtudes.
Pues un día, mientras se lamentaba mirando su cara en un lago se le apareció un hada maligna que le prometió belleza a cambio de entregarle a su hermana. La joven aceptó y cuando su bella y bondadosa hermana iba con ella por el bosque, le pidió que se acercara al lago. Cuando la joven niña se asomó la fea y cruel chica la empujó y el hada la atrapó para siempre.
A cambio le concedió el don de la belleza, pero su felicidad no fue completa ya que otra hada que horrorizada contempló el acto de crueldad, le hizo un conjuro para que no hiciese daño a nadie más. La llenó de cascabeles para que nunca más pudiese tirar a nadie al lago, pues sería más fácil oírla. Pero dicen que es tan malvada que incluso esto no le a molestado, pues los puede utilizar para hacer el mal.
Yo no quiero decir nada con esta historia, simplemente me la han contado, no se que tendrá de real y que de leyenda, pero lo que si que sé, es que la protagonista me suena...
Autor: Desconocido/Anónimo
Cuento de la Hermana Buena
Cuento narrado por Lailune Naesia como contrapartida al cuento anterior (léase Cuento de la Hermana Malvada) con tal de defenderse contra un intento de desprestigio:
¡Qué curiosa la historia que te explicaron! A mi me contaron la misma historia, aunque de una forma un poco diferente... Me dijeron que hace unos años había una chica muy poco agraciada. Su fealdad era sólo comparable a su insoportable carácter. Por lo que se ve era muy muy mal educada, que horror, ¿no? Seguro que vivió en el bosque toda su vida, la pobre. En fin, esta joven lo que más ansiaba en el mundo era tener la belleza necesaria para que todos la admirasen, porque ahora la cruel gente lo que hacía era reírse de ella y apartarla, y por eso su carácter se fue agriando poco a poco. Envidiaba la belleza de su hermana, que era virtuosa y maravillosa en casi todos los aspectos, y siempre iba vestida adecuadamente para la ocasión. Todos la querían y adoraban, mientras repudiaban a la otra. Pero ella siempre iba con su hermana fea, porque entre sus virtudes estaba el amor desmedido a quien lo merecía.
La hada maligna, mala mala, del lago en el que la hermana fea siempre se miraba le prometió que le daría la belleza que deseaba, pero que a cambio quería a su hermana. La joven aceptó, y llevó a su hermana a hacer un picnic cerca del lago. Tenían frutas del poniente, pan de canela, queso y otras cosas deliciosas. La hermana bella ya sospechaba que algo sucedía, que su hermana se traía algo entre manos cuando la llevó cerca del lago, pero aún así decidió confiar en su hermana, pues aunque era fea y todos decían que tenía muy mal carácter, ella sabía que en el fondo tenía muy buen corazón y que nunca le haría daño. Le dijo que se asomara al lago y cuando estuvo lo suficientemente cerca del agua la fea la empujó. Inmediatamente se arrepintió, y al sujetar a su hermana bella ella cayó a las profundidades en su lugar. La hada maligna la atrapó para siempre y, aunque el plan no le había salido como había previsto, cumplió lo prometido haciendo aún más bella a la joven.
Otra hada que había contemplado lo sucedido se apiadó de la pobre hermana, que lloraba desconsoladamente, tan pura era, y le hizo un conjuro para que no le pudiera hacer daño nadie más. Le dio el poder de lanzar cascabeles, pues así podría colgárselos a cualquiera de quien no se fiase y de esa forma no se le podría acercar sin que se diese cuenta por la espalda...
No sé si la historia es cierta, ni que tiene de real o de leyenda, desde luego me parece mucho más verosímil que la de esa persona que ni siquiera ha tenido la delicadeza de presentarse, pero lo que sí sé es que la protagonista no podría ser más pura y virtuosa, y desde luego me suena...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Cuento de la Calavera
Cuento irlandés narrado por un extranjero llamado Leafar al entrar en la posada y antes de perecer misteriosamente:
Cuentan que hubo una vez un hombre, dueño de una granja en Irlanda, que un día discutió fuertemente con su hijo único. Tras la discusión nunca más volvieron a hablarse, y, al poco tiempo, el joven murió repentinamente. Tal era el odio que el padre aún albergaba en su corazón que no se presentó en el funeral de su propio hijo, ni acudió al cementerio cuando lo enterraron.
Pasó el tiempo. El granjero se convirtió en un hombre taciturno y poco sociable. Aún así, cumplía con las obligaciones ciudadanas y cuando murió un vecino fué al entierro. Al término de la ceremonia, el granjero se quedó un rato en el cementerio. Paseando por entre las tumbas, encontró una calavera. Por aquellos tiempos, los sucesos sobrenaturales estaban a la orden del día, y así sucedió que la calavera, con un crujido inquietante, movió las mandíbulas para hablar:
- Mañana –le dijo– pasaré la noche en tu casa, con la condición de que vuelvas tú más adelante a hacerme compañía en el cementerio.
El granjero, convencido de hallarse ante alguna señal del otro mundo, no dudó en aceptar. Además, decidió buscar un testigo e invitó al cura a visitarle la siguiente tarde. Cuando estaban cenando, se oyeron unos golpes secos en la puerta. Aunque nadie abrió, una calavera apareció de repente encima de la mesa. Ante la estupefacción de los dos comensales, el esqueleto dió buena cuenta de las viandas, y desapareció.
A la noche siguiente, el granjero se armó de valor para cumplir con su parte del trato, aunque esta vez no obtuvo compañía. Se introdujo en el cementerio y buscó la calavera entre las tumbas donde la había encontrado la primera vez, sin suerte. Al lado de la iglesia, había una escalera con tres peldaños, junto a un prado. El granjeró los bajó, y se encontró de repente ante una escena surgida de la niebla en la que vió hombres enzarzados en una sangrienta pelea, con palas de madera y guadañas. Al verle, los contendientes se dirigieron a él preguntándole:
- ¿Acaso buscas una calavera descarnada? Mira a ver en este campo de al lado, buen hombre.
Asustado por el tono de voz de ultratumba que proferían aquellos hombres, el granjero pasó corriendo al campo de al lado, para encontrarse en medio de una refriega salvaje entre hombres y mujeres. También entonces detuvieron su pelea, para decirle:
- ¿Buscas un cráneo blanqueado? Se acaba de ir al campo de aquí al lado.
Lleno de miedo, huyó el granjero y llegó ante una casa que parecía haber aparecido por arte de magia. Sin pensarlo dos veces, penetró en su interior. Nada más entrar un fuego ardió en la chimenea, y junto al hogar vió una dama y una criada. La primera, desconsolada y aterida de frío, caminaba de un lado para otro, intentando acercarse al fuego, pero la criada la apartaba a empujones. Al verlo, le miraron con unas vacías cuencas de ojos y le dijeron:
- Si buscas la calvera, la encontrarás en la habitación de al lado.
Allí corrió a refugiarse el pobre granjero. Por fin, vió sobre el suelo, en un rincón, cubierta de polvo blanco, a la calavera deslucida. Pero no estaba sola, tres figuras se hallaban tras ella, como sombras de raídos ropajes negros, tres mujeres desgreñadas, pálidas y frías. Con una voz que parecía un eco, la calavera ordenó:
- ¡Mujer!¡Dale de cenar a nuestro invitado!
Con una actitud más propia de zombie que de viviente, la mujer se adelantó tambaleándose para poner sobre la mesa un poco de pan negro y una sucia jarra con agua. El hombre, no se atrevió a probar aquello. Entonces la voz de la calavera sonó de nuevo desde el oscuro rincón:
- ¡Mujer! ¡Da la cena a nuestro invitado!
Una seguna mujer arrastró los pies hasta la mesa, en la que colocó aún menos cantidad y peor comida y bebida. La voz de la calavera tronó entonces:
- ¡Mujer!¡La cena para el invitado!
Y un tercer guiñapo humanoide se apresuró hacia la mesa, pero está vez de sus manos surgieron manjares y bebidas apetitosas, y el hombre, por fín, comió y bebió hasta hartarse.
Luego descubrió que la calavera se hallaba ante él, sobre la mesa, y una luz parecía brillar en los cuévanos:
- Voy a explicarte cuánto has contemplado, hombre, pues tu valor y arrojo lo merecen.
Fueron los hombres contendientes en vida vecinos que luchaban entre sí por tierras que tenían unas junto a otras, y movían las estacas, y cambiaban las margenes, y ahora tienen que luchar entre sí por siempre.
Los hombres y mujeres enzarzados en cruel pelea fueron parejas casadas en vida que solían enfrentarse en sus casas, y ahora así seguirán por toda la eternidad.
La señora que viste aquí al lado, muerta de frío, fue en vida cruel con su criada, y ahora sufre la venganza hasta el Día del Juicio.
Y las tres mujeres oscuras, esas eran mis esposas. La primera siempre me trató mál, la segunda peor, y la tercera me cuidó bien, y así he querido que siga siendo.
En cuanto a tí, desgraciado, viniste a mí por no asistir al funeral de tu hijo, y sí fuiste sin embargo al de un extraño. Dime, ¿cuánto tiempo crees que ha pasado desde que saliste de tu casa?
- En la tarde de ayer salí a buscarte, calavera- respondió titubeante el granjero.
- Aquí llevas setencientos años –sentenció la voz del cráneo–. Una oportunidad te queda, vuelve al cementerio, busca la tumba de tu hijo, póstrate ante él, y arrepiéntete, quizá aún puedas obtener el perdón.
Volvió el hombre a hacer el camino de vuelta, recorriendo tierras que le parecieron extrañas, hasta llegar al viejo cementerio. Encontró la desvencijada tumba de su hijo, se arrodilló en tierra y pidióle perdón. El suelo se resquebrajó silenciosamente entonces, de las profundidades surgió una mano, sujetó la suya, y como jirones de niebla, ascendieron al cielo los espíritus del padre y del hijo.
Poema de Lasinia
Poema inscrito en piedra a los pies del féretro de la bella dama que se halla en la cripta secreta que hay bajo la Posada Lunazur:
Lasinia.
Si tan sólo un minuto más pudiera estar contigo, con gusto
pagaría todas las riquezas del mundo.
Por favor, ven a mí, vuelve a mí, te necesito como un ave para
volar necesita el viento, como un bardo para cantar necesita su
voz. Mi voz...
Lasinia, nunca más soplará en mi corazón la cálida brisa del amor. A una existencia sin la luz de tus lunas estoy condenado entre nubes, eslabones de estrellas forman las cadenas de tristeza que atan mi cuerpo.
Lloran. Las estrellas lloran...
Autor: Raúl Sánchez Martínez
Visión de Ázkabe
Visión que tiene el hechicero Ázkabe al usar su don de adivinación sobre la aguja de cerbatana que Iris Lok conserva de su intento de asesinato, para averiguar su procedencia:
[Una diminuta avestruz blanca corre por un prado mientras un cazador le da alcance desde su caballo con una lanza. La lanza se convierte entonces en una cobra que se ve encerrada en una urna por las manos de un joven en un desierto desolado. Las arenas forman un remolino de humo, el de la forja de un armero que se encarga de dotar de punta metálica una pluma de avestruz diminuta. Unas manos llenas de cicatrices compran la pluma, las mismas manos que han comprado en el mercado negro el más potente veneno de cobra real. Al hombre no se le ve la cara -pues la lleva cubierta por una capucha negra- cuando llega a unas estancias secretas a mucha profundidad bajo el suelo de una ciudad. Tres figuras -también encapuchadas- le reciben desde un altar, a él y a otros muchos que también han acudido a la cita].
- Falta poco para que el gran señor regrese -comienza la figura del centro de las tres, la que tiene en el pecho, según le parece a Ázkabe, un símbolo muy parecido al tatuaje de la nuca de Iris-. Falta poco para que llegue el nuevo orden. Sé que estáis preparados porque depende de vosotros y sé que también lo deseáis. ¿Daréis vuestra vida por él?
- Sí, sí, por mi señor la daremos -dicen todos los presentes a la vez llevándose la mano a la nuca e inclinando la cabeza.
- Sus manos son como las mías -dice mostrando unas manos ancianas más parecidas a unas garras raquíticas, algunos de los presentes emiten exclamaciones ahogadas-, no así su cuerpo. Con él llegará la noche perpetua y no habrá vuelta atrás. Ya no existe la luz que en su día le hiciera frente. El mundo será nuestro, será suyo por fin, las tinieblas volverán. El Señor de la Bruma que trae la Muerte os cubrirá de gloria y dará, a aquél de vosotros que sobreviva, el privilegio de ser su nuevo cuerpo. Lo sabéis. ¿Lo queréis?
- Sí, sí, por mi señor lo queremos.
- Sabéis que sólo uno de vosotros sobrevivirá, tan sólo uno debe sobrevivir. Lo sabéis. Y cuando sólo quede uno, se producirá el milagro, el renacimiento de Lessar Kenelar'sa se hará realidad. Hemos estado preparando esto durante decenios, no puede fallar. Llegado el momento, cuando Argen alcance su punto álgido, la puerta a los infiernos más profundos se abrirá, y él volverá para no irse jamás -los ojos de la figura refulgían con una luz incandescente bajo su capucha, refulgían de gozo, indicando que tal vez su naturaleza no fuera de este mundo-. ¿Estáis preparados?
- Sí, sí, por mi señor lo estamos.
- Partid entonces. Y recordad: sólo uno quedará, y aquel se llevará toda la gloria.
[Empezó entonces una bacanal de sangre y de armas. El aire se llenó del sonido metálico de las armas al entrechocar, de huesos que crujían y de filos que mordían la carne. Asombrado frente a la inesperada lucha, el poseedor de la pluma se escabulló hacia la salida. No estaba preparado para luchar ahora. Algunos más escaparon con él intentando matarse en su huida].
[No hacía muchos días que corría por el bosque cuando notó que uno de sus competidores andaba cerca. Pudo sentirlo cuando entró en su campo visual. Sacó rápidamente su cerbatana y disparó. La pluma envenenada dio en el blanco mientras corría tras su víctima para rematarla suponiendo que habría quedado debilitada].
[Iris Lok se arrancó la pluma del cuello y la guardó mientras sentía el efecto del veneno que ya corría por su sangre. Mientras luchaba con el malhechor que se le echaba encima se dio cuenta de que el veneno le estaba debilitando. Jugaba con desventaja, pero aún así su habilidad en la lucha le sirvió para dar un tajo mortal a su oponente con la daga de la que echó mano].
[Huyó por el bosque dejando atrás el cuerpo de su oponente, y entonces vio la extraña posada, que aparecía en medio del bosque como bajada del cielo especialmente para él...]
Autor: Raúl Sánchez Martínez

