Volcanira

Se trata de un arbusto leñoso que necesita mucho calor para sobrevivir, por lo que se suele encontrar en zonas volcánicas. Tiene gruesas raíces con las que absorbe los minerales del subsuelo y, gracias a las altas temperaturas, los transforma en espinas y hojas dentadas de un metal rojizo, tan afiladas que son capaces de cortar el cuero con sólo rozarlo.

Tiene pequeñas flores rojas que nacen cada varias decanas, siempre que el calor sea suficiente. Todas las volcaniras de una misma zona maduran a la vez. Las flores se transforman después en pequeñas bayas rojas en las que el arbusto acumula el calor. Cuando llegan a su límite, se vuelven extremadamente explosivas.

Bayas de VolcaniraAl estallar la primera baya se origina una reacción en cadena que hace saltar por los aires todos los matorrales de la zona, destruyéndolos irremediablemente y lanzando una lluvia de hojas afiladas en el proceso que destruye todo lo que encuentra a su alrededor. Así es cómo el arbusto libera y esparce sus semillas. Tras haber explotado, el ciclo del arbusto comienza de nuevo.

Cuando la zona volcánica es lo suficientemente grande, la volcanira tiende a formar laberintos de caprichosas formas, tan caóticos como mortíferos, aunque sólo perduran las decanas que tarda el arbusto en recopilar el calor necesario para que exploten las bayas otra vez.

VolcaniraHay algunos libros de botánica que hablan sobre este extraño arbusto. Uno cuenta que hubo un temerario inventor que trató de usar las bayas de la volcanira en la batalla, pero que eran tan inestables que al intentar transportarlas explotaban súbitamente. Se cree que aquel inventor tuvo un aciago final. En otro se habla sobre unos hijos del bosque que, miles de años atrás, transportaron la volcanira hasta sus tierras, manteniéndola viva de alguna forma. La plantaron en la falda de un volcán que amenazaba con entrar en erupción y arrasar sus bosques. El arbusto creció y se reprodujo hasta que apaciguó para siempre la ira del volcán.

En la actualidad, se sabe que este arbusto crece en Hermile, rodeando con sus laberintos mortales el Templo de la Llama Eterna, alrededor de Famuhn, la Montaña de Fuego.

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Templo de la Llama Eterna

Situado en plena falda de la montaña de fuego se halla el Templo de la Llama Eterna. Se construyó el año 2.224, en los Años Oscuros en que los dos señores del mal tomaron posesión de la isla de Hermile, dominando el Reino de Ygnalia. Por aquel entonces, las tinieblas se cernían sobre la isla como un mar asfixiante que mataba cualquier forma de vida hasta no dejar rastro de ella. Mucho se perdió entonces, aunque no fuera en vano.

Los escasos habitantes de Hermile que lograron escapar se refugiaron en las Cavernas Llameantes que se extendían bajo Famuhn, la montaña de fuego, único lugar que no estaba completamente cubierto por la oscuridad. Nadie sabe cómo sobrevivieron allí. Lo cierto es que lo hicieron, y no sólo eso, sino que emergieron de las fauces de la tierra con fuerzas renovadas. Llama Eterna Se hacían llamar los seguidores de la Llama Eterna y se dice que en su mano llevaban un fuego tan intenso que por allí donde pasaban las densas tinieblas desaparecían para no volver. Clavaron aquel fuego en la falda de Famuhn, y desde allí se extendieron por la isla como una ola de fuego que lo arrasaba todo hasta las cenizas. Sin piedad, implacables, avanzaron hasta llegar al Castillo Flotante, el castillo de los dos señores del mal. Y la llama se enfrentó a la oscuridad.

Se sabe que la batalla fue encarnizada y brutal, pájaros de fuego danzaron en el aire y las cenizas lo cubrieron todo. La única forma de purificar la tierra de esa enfermedad era hacerla arder hasta sus más profundos cimientos. Y la tierra tembló. El Castillo Flotante aplastó uno a uno a los seguidores de la Llama Eterna, pero cuando todo parecía estar perdido, el último de ellos se arrojó a la boca de la montaña. Se cree que una enorme lengua de fuego —o puño de la venganza, como la llamaron los historiadores más adelante— emergió como un látigo y subió hasta el cielo, y que golpeó al Castillo Flotante con tal devastadora fuerza que, mientras ardía hasta las raíces y no quedaba de él más que ruinas carbonizadas, cayó al Mar Profundo. Nunca se volvió a saber de él.

Pájaro de FuegoNadie quedó con vida, pero el fuego intenso que clavaron en la falda de Famuhn nunca se apagó, y allí donde se encontraba construyeron un templo, el Templo de la Llama Eterna, y dicen que mientras brille su llama las tinieblas nunca volverán.

Fueron los hijos del fuego que no se encontraban allí quienes contaron esta historia, reproduciéndola de boca de la Llama, cuando llegaron a Hermile y la encontraron devastada.

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