Micropoema: Infieles

Bailan los infieles en su efímero teatro,
ardiendo en el calor de su danzar.
Demasiado calor para la fidelidad,
que arde con demasiada facilidad.

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Micropoema: Sufrimiento

No sufriré si puedo evitarlo, y no evitaré sufrir si es necesario.

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27 de septiembre 2013

¡Ya hemos vendido la mitad de los ejemplares de la 1ª edición de "La flor de la poesía", la primera publicación de Crisol de Leyendas, autoeditada por Raúl Sánchez Martínez! ¡Gracias a todos por colaborar para que Crisol de Leyendas siga adelante!

Agradecimientos a todos aquellos que han contribuido a la iniciativa Crisol de Leyendas con la compra de un ejemplar:
Andrea Moreno, Colombia
Julia Jorrín, Barcelona
Daniel Díaz, Barcelona
Samuel Arroyo, Badajoz
Silvia Navarro, Barcelona
Juana Muñoz, Barcelona
Carlos Cámara, Barcelona
Luis Sarabia, Barcelona
Yami, Colombia
Joaquim Forns, Barcelona
Maria José Muñoz, Barcelona
Ana Sánchez, Panamá
Susana Sánchez, Barcelona
Miguel Ángel Leal, Barcelona
Silvia Ferrero, Barcelona
Ernesto Quinto, Barcelona
Víctor, Barcelona
Itziar de Lecuona, Barcelona
Albert Royes, Barcelona
María Casado, Barcelona
Jordi, Barcelona
Sheila Bussión, Barcelona
Mònica, Barcelona
Mari, Barcelona
Jofre, Barcelona

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Privilegio

Cuando aquel hombre le dijo estas frases con la determinación palpitando en el fondo de la voz, Nadine no podía creerlo. Ella, la mejor de las Ladronas de Corazones, a la que ningún hombre había rechazado jamás y que había dejado tras de sí un rastro de corazones rotos por todos los reinos; ella, que había seducido hasta al más digno de los príncipes y al más casto de los sacerdotes, al más fiel de los amantes y al más mordaz de los asesinos; ella, a la que todos amaban hasta morir de deseo, estaba siendo rechazada por un ser insignificante llamado Arkzadhel. Y no es que él fuera más fuerte que ella para poder resistirse a sus virtudes, nada de eso. Sencillamente los encantos pierden la magia para el que la serenidad y el amor propio hacen de guía.
Podría dejar en tu seno
lo más preciado que tengo,
darte la llave de mi alma
y permitirte la entrada al jardín.
Secarías riachuelos y fuentes,
marchitarías flores y plantas.
Quedaría un maldito desierto
de roca y ceniza cubierto.

Podría poner en tus manos
mis canciones y poemas,
darte la clave del misterio
y dejar que escribas en él.
Desordenarías las letras
y morirían las palabras.
Quedaría un triste pergamino
tan solo cubierto de olvido.

PájaroPodría poner a tus pies
mis anhelos y mis sueños,
darte el poder de volar
en las nubes de mi cielo.
Apagarías las estrellas,
se desharía pálida la luna.
Quedaría un gris atardecer
plagado de cuervos y bruma.

Podría encender en tus labios
el fuego de la pasión,
darte la llama secreta
que te guíe a mi corazón.
Quemarías las ilusiones,
reduciéndolas a escombros.
No quedarían ni los huesos
tras el paso de tus monstruos.

Podría dejarme consumir,
entregarte hasta el último latido.
Podría hacerlo pero no lo haré,
porque soy dueño de mi destino.
He sentido, he oído y he visto:
seré yo mismo el resto de mi vida.
Aún sin compañía volaré, libre,
intacto el privilegio de mi dicha.

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Mosca y araña

A veces, en la oscuridad de las minas de carbón de las Montañas Grises, se escucha un susurro que canta esta canción. La voz rezuma malicia y es áspera como la misma piedra, pero nadie ha visto nunca a su dueña. Los mineros, con los vellos de punta, dicen que es el fantasma de una mujer llamada Vesial que vivió hace tiempo en los bosques que rodean la ciudad. Una mujer que se quedó viuda las doce ocasiones en que se casó, y que hubiera enviudado más veces de no ser porque sus vecinos decidieron tomarse la justicia por la mano y la asesinaron en las cavernas de la montaña. Según cuentan, fue un asesinato cruel y brutal. Lo hicieron porque estaban convencidos de que era la mujer quien, cual viuda negra, mataba fríamente a sus maridos para heredar sus riquezas.
Pobre mosca ingenua y tonta,
pobre, pobre, que la araña acecha.
Teje, teje, teje en su tela,
aguarda silenciosa, calma espera.

TelarañaGira la mosca, que en el aire vuela,
y de un mal giro acaba en la tela.
La araña corre con sus ocho patas,
bien satisfecha, le aguarda la cena.

Pero al llegar a la mosca, algo pasa,
¡sale volando como si nada!
Ríe la mosca, se enfada la araña,
su ilusión truncada con una guadaña.

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La luna blanca y las hadas

Desde tiempo inmemorial los hechiceros enseñan estos versos a los niños que van a ser instruidos en el arte de la magia arcana. Nadie sabe con certeza cual es el origen exacto de ellos, pero creen los magos que fue ni más ni menos que Alquízero, el Gran Archimago, quien inició esta curiosa tradición, y que en estas palabras hay un mensaje secreto que sólo se revela a aquél que ha hecho suyo el misterio más profundo de la hechicería.
Los hechiceros suelen cantarla las noches en que Aknal, la luna blanca, está llena.
Y entonces llegó la noche,
suave y fresca como rocío de primavera.
Y con ella llegó el canto de Aknal,
blanco, puro, radiante,
como una voz de cristal que repiqueteaba
sobre la superficie de los lagos, entre estrellas.
La magia borboteaba en un círculo de setas
mientras las hadas danzaban a su alrededor,
jugando desnudas con sus notas.
No se dieron cuenta de que la sombra se acercaba,
arrastrándose como una serpiente enferma...

Las sonrisas se marchitaron,
como flores de pergamino bajo una lluvia de lágrimas.
Las caricias de la brisa se partieron
en finos añicos de cristal que arañaban su piel.
Y pidieron ayuda a la Blanca Señora, hambrientas de alegría,
y ella les respondió con un susurro.
En secreto les decía que tuvieran fe en sus pequeños corazones,
que delante tenían la respuesta.

Y confiaron.
Abandonaron sus alas al viento.
Se dejaron llevar por el agua de las cascadas, entre flores.
La luz invadió de nuevo sus ojos y la sombra,
que habitaba sus corazones como un gusano,
se vio obligada a salir.
Miles de primaveras se sucedieron en un instante,
llenándolas de júbilo y gozo.
Las flores explotaron a su alrededor
entre frutos de brillantes y suculentos colores.

Nunca más se la volvió a ver...
Nunca más se la volvió a ver...
Entre las hadas y la Luna Blanca... Ver más poemas

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Cinco estrellas

Úrsula entretiene a su bebé con la canción que todas las madres tararean a sus niños en Circania. Echa de menos su ciudad natal, pero sabe que entre los muros del Templo de la Llama Eterna su hijo está a salvo. Mueve la mano al compás de la melodía y va ocultando los dedos cada vez que una de las estrellas se desvanece entre los versos.
El pequeño Arkzadhel, ajeno al revuelo que causa dondequiera que va, devora con sus grandes ojos color turquesa cada una de las palabras y gestos de su madre.
Cinco estrellas de cinco puntas
se reunieron en la cúpula del mundo.
Su luz refulgió en la oscuridad
cuando las atraparon en un susurro.

Cinco estrellas de plateadas puntas
vagaron sobre nubes iluminadas.
Una se convirtió en estrella fugaz,
cayendo sobre un campo de espigas doradas.

Cuatro estrellas enredadas
fluyeron por un turbulento río.
Una se perdió en las aguas,
quedando entonces sólo un trío.

EstrellasTres estrellas intranquilas
escucharon en el aire una canción.
Una se quedó dormida
y del sueño jamás despertó.

Dos estrellas asustadas
bailaron para no apagarse.
Una relampagueó en el aire,
la otra corrió para no quemarse.

Una estrella solitaria
reflejó entonces un dilema:
formar toda una corona
con una única gema.

El lucero se puso a llorar
porque no sabía qué hacer.
Si no hallaba la respuesta
su brillo moriría al amanecer...

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Libro: La flor de la poesía

La flor de la poesíaLa flor de la poesía (2ª Edición)
Autor: Ángel Torezano
Precio: 10€

ISBN: 978-84-616-5391-1
Colección: acertijos y poemas
Formato: papel, tapa blanda
Tamaño: 15x21 cm. 74 páginas
Lengua: español
Ver PDF ejemplo del libro
Leer reseña

Disponible en:
Librería Magia de Tinta. Puigcerdà, Gerona.


Resumen del libro

Sencillez, delicadeza, sosiego y dulzura... Este libro invita a quitarse el reloj para tomarse un respiro y sumergirse en el lado tierno de las palabras de mano de la ligereza de sus versos libres y su breve narrativa.

La flor de la poesía es una selección de treinta y tres poemas y adivinanzas de aire medieval. Cada uno de ellos está enmarcado por un microrrelato que lo dibuja en su contexto para llevarnos, en compañía de sus deliciosos personajes, a tierras lejanas llenas de magia.

"Conforme se acercaba empezó a escuchar algo: como un susurro liviano. Miró alrededor pero no halló nada ni a nadie. Al fin se convenció de que la dulce voz debía brotar de la flor. Acercó la oreja a los pétalos y, anonadado, oyó que narraba palabras. La flor recitaba poemas de tierras lejanas y extrañas.
El escriba había hallado la flor de la poesía y, con pergamino y tinta, volvió día tras día para escribir todo lo que al oído le decía."
Extracto del prólogo

La flor de la poesía

Comentarios de los lectores

"Un ingenioso entramado de poemas y acertijos que consigue atrapar al lector y transportarlo a otro mundo a través de bellas descripciones y evocaciones mágicas. Un verdadero placer."
Luis Sarabia,
Gestor y Auditor de Calidad y Medio Ambiente

"La equilibrada combinación de poemas, adivinanzas y leyendas que se entrelazan en La flor de la poesía ofrecen una deliciosa cata de la riqueza del mundo ideado por Torezano, Crisol de Leyendas."
Carlos Cámara,
Arquitecto, entusiasta, emprendedor y todavía idealista

"Me ha gustado mucho la composición que conjuga relato y poética, lo cual resulta muy atractivo para viajar con la imaginación, y abrir los campos de evocación. Más que magia he encontrado una tristeza nostálgica que, por suerte, invade dulcemente, aunque también nos lleva a pensar que es el ingrediente básico del vivir."
Mª Jesús Buxó,
Catedrática Emérita de Antropología Cultural

"Es un libro muy bonito, escrito con gran sensibilidad. Al leerlo me ha producido una grata sensación de paz espiritual. Su gran trasfondo ha hecho que me lo lea varias veces, y cada una de ellas descubro cosas nuevas de las que no me había dado cuenta antes. Me ha encantado."
Blanca Cuadrado,
Ingeniera Técnica en Informática de Gestión

Agradecimientos a todos aquellos que han contribuido a la iniciativa Crisol de Leyendas

Esther Maqueda, Cádiz
Blanca Cuadrado, Barcelona
Andrea Moreno, Colombia
Julia Jorrín, Barcelona
Samuel Arroyo, Badajoz
Yami, Colombia
Daniel Díaz, Barcelona
Ana Sánchez, Panamá
Gabriela Ferrari, Argentina
Blanca Bórquez, Chile
Silvia Navarro, Barcelona
Manuel Giménez, Murcia
Marga Elvira, Barcelona
Raúl de Jesús, Zaragoza
Begoña Perza, Barcelona
Javier Chicote, Barcelona
Imma Carretero, Barcelona
Juana Muñoz, Barcelona
Carlos Cámara, Barcelona
Luis Sarabia, Barcelona
Beatriz, Barcelona
Joaquim Forns, Barcelona
Mª José Muñoz, Barcelona
Javier Sierra, Barcelona
Susana Sánchez, Barcelona
Miguel Ángel Leal, Barcelona
Pedro Fernández, Barcelona
Mª Ángeles Fernández, Barcelona
Jose Luis Viruel, Barcelona
Xavier Fillat, Barcelona
Ana Jorrín, Barcelona
Silvia Ferrero, Barcelona
Ernesto Quinto, Barcelona
Víctor de Gibert, Barcelona
Gabriel Oliveras, Barcelona
Itziar de Lecuona, Barcelona
Albert Royes, Barcelona
María Casado, Barcelona
Jordi Plana, Barcelona
Maria Jesús Buxó, Barcelona
Sheila Bussión, Barcelona
Mònica, Barcelona
Erika, Barcelona
Mari, Barcelona
Jofre, Barcelona
Toni, Barcelona
Yasmina Soto, Sabadell
Fabiola Leyton, Santiago de Chile
Jose Manuel Piñeiro, Vigo
Nuria Lozano, Amsterdam (Países Bajos)
Jaume Vega, Puigcerdà
Web Tierra Quebrada
Librería Magia de Tinta, Puigcerdà

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No

Tras la muerte de su prometida, Cizán Bienaventura se refugió en la fe a la que estaba tan acostumbrado, rodeado por sus compañeros de la Orden del Noble Martillo. Rogó a su Dios que le enviara una señal, algo que le permitiera entender por qué habían asesinado a su dulce Mírides de una forma tan impía e inhumana. Quería encontrar al culpable para impartir justicia a golpe de espada y martillo, pero necesitaba que le mostraran el camino. Sin embargo, sus airadas súplicas no recibieron respuesta.
El corazón de Cizán se desbordó cuando, siguiendo la pista del asesino, llegó al cementerio de Nahalas y vio que la tumba de su prometida había sido profanada. Estaba a punto de ahorcarse allí mismo cuando escuchó una voz flotar en el viento y una bocanada de vida le atravesó.
No viviré esperando la flor del futuro,
dejando que el presente se impregne de hiel.

No dejaré que el tiempo se escurra entre los dedos
hasta darme cuenta de que es demasiado tarde.

No intentaré huir del miedo que ata mi voz,
sino dejarlo a mis espaldas al echar a cantar.

No volaré para llegar más lejos que nadie,
quedándome solo al dejarlos atrás.

No tocaré con la piel muerta de ayer,
sino con la ternura de hoy.

No miraré con ojos vacíos,
sino con el brillo de la inocencia.

No escucharé con oídos sordos
la música que vibra en el viento y el mar.

No devoraré los manjares de la vida,
saborearé cada migaja y cada suspiro.

No sufriré si puedo evitarlo
y no evitaré sufrir si es necesario.

No caminaré con rumbo fijo,
dejaré que el camino me guíe a cada paso.

No lucharé convencido de haberte perdido,
lo haré lleno de la dicha de saber que te he tenido.

No moriré lentamente dejando marchitar mi alma,
moriré cuando la muerte me abrace al final. Ver más poemas

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Duermen

Cizán Bienaventura no permitió que sus pies se detuvieran hasta encontrar una señal. Caminó sin descanso durante decanas esperando que su Dios le indicara de alguna forma el camino hacia el asesino de su prometida. Allí, perdido en el Desierto de las Sombras, se percató de que hacía tiempo que no comía. Salió de su ensimismamiento y se dio cuenta de que tenía los labios cuarteados de no beber.
Entonces vio que allí había una extraña mujer. Su cabello era del color del mármol ribeteado de grises y su piel pálida y sombría al mismo tiempo. Lo más inquietante eran sus ojos negros, porque no tenían brillo. Cizán pensó que se trataba de la muerte, que había venido a buscarle, pero ella le dijo que no, que su nombre no era Muerte, sino Olvida.
Cizán cayó de rodillas, exhausto y roto por los calambres, y justo antes de caer inconsciente vio una roca que se elevaba desafiante delante de él. En su superficie había unas palabras casi borradas por la mano del tiempo. Cada letra lloraba miles de lágrimas de pena, formando una fuente cuyas aguas emitían quejumbrosos lamentos.
MonolitoDuermen los girasoles en su verde cama,
ignorando que el sol no va a llegar.
El silencio asoma entre los muros,
testigo de que no existe piedad.

Piedra dormida sembrada de huesos.
Calor que se va para no regresar.
Sueños quebrados sembrados de llanto.
Caras que el olvido va a secuestrar.

Fluye, etérea, la noche negra.
Las horas se pierden en la eternidad.
En el cielo no hay luna ni estrellas,
sólo susurros de anhelo y de paz.

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Adivinanza: Arrak

En uno de los cementerios de la ciudad de Nahalas hay una estatua a cuyos pies hay grabada una inscripción. El guerrero de piedra mira a los transeúntes con expresión feroz y gesto desafiante, como si quisiera echar a correr detrás de ellos para darles caza. Lo cierto es que los nobles no se detendrían a leer las estrofas con tanta tranquilidad si supieran que aquél que acierte su significado liberará el corazón que palpita enterrado bajo la piedra. Un corazón que arde con el fuego de los mismos infiernos.
Sólo con verla llegar
suelen romper a temblar.
Brilla en sus ojos la muerte.
El terror asoma entre sus dientes.

Se esconden los desesperados
al escuchar su clamor.
El de corazón valiente
lucha por salir indemne.

Cuando da comienzo el festín,
su hambre no tiene fin.
Rompe el hueso, hiende la carne.
Perdido estás si huele tu sangre.

Son sus brazos mil espadas
y de acero su coraza.
Incansables son sus pies
si con ello has de caer.

Nunca pierde en la batalla.
El odio recorre sus entrañas.
Luchando no vencerás
pues no se la puede matar.

Afortunado eres si al alba
su sed ha hallado la calma,
pues la luz de un nuevo día
a veces detiene su ira.


Autor: Ángel Torezano
Fuente: La flor de la poesía

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